Mbappé, Bellingham y la tensión en el Clásico
Jan,
primera vez en esto de los clásicos.
Andas suelto como gabete gambeteando por esa banda.
En el otro lado, Arda, que levanta la cabeza y retuerce el
pincel.
Dibuja la primera obra de arte.
El Madrid moderno de José
ha empezado a manifestarse.
Aquí,
hasta el más frío tiene los ojos inyectados en sangre.
Allá va Cucu, volando con esa melena al viento.
Y ahí aparece Diomandé. Kylian va a marcar el mejor
gol de su carrera. Tras tamaña obra, se acerca a la
banda y dice: «Golazo, el mejor de mia carrera,
el mejor gol de mi carrera».
Absolutamente fascinado. «Golazo,
el mejor de mia carrera,
el mejor gol de mi carrera».
Falta de Bernardo y Pedri con esa mano.
Dice que a ver qué pasa, que cuántas más.
Joao, que también rasca y de lo lindo, deja a Jan en el
suelo.
Le piso al gemelo, le piso al gemelo, escucha.
Le dice Dina a Juan para que le eche un ojo.
Menos amable, se pone Rodri tras reencontrarse con su
querido
Berni. «Tomar por culo».
Y Kiki: «Eh, eh, eh,
eh. Tú empujas. No empujar, no empujar.
No, no, no, no, no, no, no».
¡Empuja!
Agárrense, que vienen curvas. Jude,
tocado por la varita de los dioses, incapaz de parar de galopar.
No encuentra a Kylian y le dice: «Kylian».
«No, ya, ya. I saw, ya, ya».
No ha podido darle esa pelota y le está doliendo en el alma.
Para colmo, soplan aires de remontada en el Nou Camp.
Rodri
ya ha olido el aroma.
Son momentos convulsos. Andri, a este no se le esperaba por
aquí. Se viste de Superman. Más adelante, Kylian, que se
enfada con Juan, ve cómo ese hombre toma nota desde la
distancia y le
tira ese gesto.
A veces, la tranquilidad es lo que más se busca
con esa mirada.
De repente, Jude, reminiscencias de aquel número cinco.
Se pone el esmoquin y procede a practicar el arte de la doma
clásica. En la banda, Arda, que se viste de
Mesut, ve volar a ese muchacho.
Antonio tiembla. Está presenciando la resurrección de
Eduardo.
El lince blanco acaba de despertar.
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