Transcript · Spanish

Social Issues and Political Commentary

Yo os voy a contar una historieta, una historieta que va

recorriendo

todo aquello que Vox viene denunciando.

Suena un despertador a las siete de la mañana en el cuarto de

Rubén. Rubén tiene treinta y tres años y es

malagueño, pero podía ser de cualquier

otro lugar de España.

Llega a la cocina, se prepara el café,

abre la nevera y ve que

su balda está tiritando.

Un yogur, medio tomate y una loncha de jamón cocido.

Mira el calendario. Es día veinticinco, aún no ha cobrado y hasta que cobre parece

que toca dieta de racionamiento. Tiene muchas ganas de ir al baño, pero es

miércoles y los miércoles le toca el tercero.

Le toca el tercero porque en casa son seis. Son seis compartiendo piso.

Cuando por fin llega su turno, entra y mientras se está duchando se pone

a

pensar en su suerte y en si es normal o no lo que él vive.

Piensa que sus padres con su edad ya le habían tenido a él y a su hermana

y que pagaban una hipoteca. Y él está ahí sin poder pagar ni siquiera

un alquiler

de un piso completo. Piensa en sus amigos.

Todos han estudiado, han ido al extranjero,

han aprendido idiomas, se han

formado, son competentes, son esforzados, han progresado en su empresa y

ninguno puede comprarse una casa.

Bueno, hay uno que sí,

pero porque tuvo la desgracia de que sus padres fallecieron y pudo comprarse una

casa porque heredó.

Está en estas cavilaciones cuando ya se va vistiendo y sale a la calle y se da

cuenta de que lo que ve en la calle

tampoco le dice nada bueno.

Donde estaba antaño la imprenta o la academia, está la persiana bajada.

Incluso el bar en el que desayunaba su abuelo

parece que ha dejado tiempo atrás la clientela.

Ya solamente hay gente en la puerta

del centro de salud. Ahí la gente se agolpa y se amontona.

El resto parece que es el recuerdo de un país que ya fue.

Termina de llegar a la estación de cercanías y según llega, anuncia por

megafonía:

por motivos técnicos, el próximo tren lleva un retraso de más de

diecisiete

minutos. Diecisiete minutos que al final son

veinticinco.

Cuando se monta, consigue un hueco espachurrado junto al

cristal y piensa si es

que ese día toda España se ha puesto de acuerdo para entrar en su vagón.

Pero no es así. Es que toda España es ya así.

Es que toda España es una inmensa cola, es una inmensa saturación, un inmenso

colapso.

Saca el móvil y llama a su madre. «Mamá, ¿qué tal?

Hoy te daba los resultados de la prueba, ¿verdad?»

Y dice: «Sí, seis meses por fin. Después de haberme detectado el bulto,

me van a

dar los resultados». «Mucha suerte, mamá. Luego te llamo».

El tren sigue al tran tran y se va parando una y otra vez.

Y no en cada estación, sino entre estaciones.

Y al final consigue llegar una hora y cuarto tarde al trabajo.

En medio ha ido haciendo tiempo mirando las noticias.

Joven veinteañero en Málaga asesinado de un disparo en la cabeza porque le

confundieron con otra persona.

Niña de catorce años violada por dos magrebíes.

Anciano al que le roban y le hacen un mataleón para quitarle una cadena.

Y por supuesto, las últimas novedades de Ceuta.

Y se plantea en qué momento se ha empezado a normalizar lo anormal, en qué

momento lo extraordinario se ha convertido en rutina cotidiana, en frecuente.

Llega el trabajo, el jefe les reúne y les dice:

«Malas noticias».

El plan que teníamos de crear una nueva planta

ha quedado paralizado. No hay capacidad ni potencia en la red

eléctrica para poder

abrir

una nueva planta.

Come mientras trabaja con el ordenador y después de una jornada tediosa,

coge de vuelta el cercanías y vuelve a reproducir mismas escenas.

Llama a su madre.

«¿Qué tal los resultados, mamá?»

«Me van a tener que operar». «¿Cuándo?»

«Me han dicho que no piense que antes de cuatro, cinco o

seis meses». «Cuatro, cinco o seis meses, mamá. Si ya llevamos medio año».

«Es lo que hay, hijo, es lo que hay».

Y la frase se le queda

grabada en la cabeza. Es lo que hay.

Abre el WhatsApp y tiene un WhatsApp de su hermana.

Al final no me han dado la plaza de guardería para tu sobrina.

Y es que en la España de las colas, el español siempre va el último.

Es lo que hay. Es lo que hay, se dice.

Baja el cercanías y va caminando. Pasa por el parque en el que jugaba en su

infancia y ve que donde antes había niños ahora hay bandas que se han adueñado de

los columpios y de los bancos y los vecinos ya ni se atreven a acercarse.

Llega a casa y con una tierna

sospecha abre la nevera pensando que a lo mejor ha podido obrar el milagro y

que va a tener algo más que ese jamón chuchurrío, ese yogur y ese medio

tomate. Pero no ha habido suerte. Y mientras se lo toma,

se mete en su cuarto, se tumba en la cama y abre el móvil.

Abre Twitter.

Pedro Sánchez ha convocado a elecciones y dice que ya está bien, que ya está

bien de esa vida de miseria,

que ya está bien de piso compartido, de no poder irse con su novia, de no poder

tener hijos, de que su madre tenga que esperar meses

para una prueba y para un

resultado y para una operación. Que ya está bien de llegar tarde al

trabajo porque

los trenes no funcionan, que ya está bien de sentirse extraño en su

propio barrio,

que ya está bien de todo lo que no es normal,

porque se da cuenta de que lo que él

pide, un trabajo

con el que poder comprar una casa, una casa apacible en la que pueda caber

una

familia, una familia feliz, unas vacaciones, un médico

que te atienda cuando lo necesitas, unos servicios que funcionen.

Era normal antes.

Se da cuenta que todo eso era normal y ahora se ha convertido en un lujo.

Y dice basta ya. Y la rabia contenida y la rabia acumulada

de todo el día se va

convirtiendo en ilusión y en esperanza.

En esperanza de que tras los nubarrones haya otra España, otra España que es la

España real, una España fiel a sí misma, en la que la gente pueda ser dueña de su

casa, pueda disfrutar de un futuro próspero,

pueda ser libre, pueda vivir

en seguridad, pueda vivir en tranquilidad.

Y dice: ya está bien, hay que dar un cambio de rumbo.

Es la hora de la gente como yo. Es la hora de la gente como Rubén.

Es la hora de la gente de Vox. Es la hora de Santiago Abascal.

End of transcript · 1,154 words · machine translated

iPhone app Translate videos on your iPhone Paste a TikTok, Instagram or X link, add subtitles in your language and save the video to Photos.

Read any video in your language

Paste a link from X, TikTok, YouTube or Instagram. You get a page like this one.