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How many people have you hated in your life? Think about it.
Piénsenlo.
One? Two? None? Hating a person is not that easy.
Odiar a una persona no es tan fácil.
Someone can obviously be not to our liking. We can disagree. We can even
Podemos discrepar.
feel rejection, not stand them. But hating them, hate is something else.
Pero odiarla, odiar es otra cosa.
To hate, you first have to take a very specific step, which is to stop seeing
y es dejar de ver al otro como un ser humano.
Y ese proceso lo conocemos bien,
starting point is obviously stereotypes. Labels that reduce a person
Etiquetas que lo que hacen es reducir a una persona a un cliché.
a migrant turned into a criminal. A free woman presented as a threat. A trans person
Una mujer libre presentada como una amenaza.
reduced to a joke. And this happens both in real life and also on social media.
Y esto sucede tanto en la vida real como también en las redes sociales.
I think it is worth remembering something And hatred does not arise from, well,
y es que el odio no nace de, en fin, una suerte de generación espontánea, ¿no?
El odio se cultiva y se promueve.
Hatred, therefore, is manufactured,
Es como un virus en un laboratorio con el que se experimenta.
El odio evidentemente también se propaga de manera fría y calculada con estrategias que sirven a determinados intereses.
Porque el odio se ha convertido desgraciadamente en un arma política.
A weapon that not only serves to attack or harass the person who is different,
but above all to silence voices. That is how the hate
Así impone la industria del odio una suerte de ley del silencio.
Therefore, if hatred is already dangerous,
A weapon that is easy to find and much easier to use.
And extremely lucrative for some.
We also have to acknowledge that and put it on the table. First, because they have
Primero porque han reducido el coste de odiar.
Because a single click is enough,
que refuerza la impunidad y la agresividad.
Second, because social media allows hate to be channeled. There are groups that are
Hay grupos que son absolutamente irrelevantes que pueden amplificar el odio mediante perfiles falsos,
through coordinated actions, harassing individuals and entire groups. Many times you
do not know if they are bots or people behind those spreaders of hate.
They are usually bots, they are usually not people. They are irrelevant groups,
Son colectivos irrelevantes, pero sí tienen capacidad de amplificar ese mensaje de odio.
hate generates business. Hate polarizes, it generates interaction.
El odio polariza, genera interacción.
And the designers of the algorithm know it and specifically enhance
keeping people hooked on those narratives and those conversations of hate.
Hate, therefore, is no longer an emotion, but we could say hate is a product.
The digital environment cannot be a space without rules and from now on,
I believe that social media will have to be publicly accountable for every piece of
Y la sociedad en su conjunto podrá ser consciente de los ambientes en los que nos relacionamos,
in which our children move and also our young people. Nothing and no one,
Nada ni nadie, por ser más poderoso que sea, está por encima o al margen de la ley.
For a long time the platforms have wanted to maximize profits and minimize
y minimizar las responsabilidades.
Y ese tiempo ha terminado.
That time has ended.
We are going to put a stop to hatred on our social media, in our streets,
I know that in this struggle Spanish society is going to end up prevailing.
I am convinced. Because there are many people who are aware of
Porque hay mucha gente concienciada sobre los riesgos y los efectos de toda esta,
en fin, expansión de odio, por decirlo de manera políticamente correcta,
que desgraciadamente vivimos en las redes sociales y que se propaga a nuestro día a día en el mundo offline.
Porque la mayoría social está formada por buenas personas.
People who may have different opinions,
They are moved by something much more powerful, which is love.
The love for our partners,
por nuestros vecinos, por nuestros amigos, y sí, el amor también por el diferente.
For those who come from outside and for those who live thousands of
kilometers from here, yet suffer pain and injustice, whether in Gaza,
ladies and gentlemen,
Muchas gracias.
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Original transcript (Spanish)
¿A cuántas personas han odiado ustedes en su vida? Piénsenlo. ¿A una? ¿A dos? ¿A ninguna? Odiar a una persona no es tan fácil. Alguien evidentemente puede no gustarnos.
Podemos discrepar. Podemos hasta incluso sentir rechazo, no soportarla. Pero odiarla, odiar es otra cosa. Para odiar hay que dar antes un paso muy concreto, y es dejar de ver al otro como un ser humano.
Y ese proceso lo conocemos bien, porque el punto de partida son evidentemente los estereotipos. Etiquetas que lo que hacen es reducir a una persona a un cliché. Por ejemplo, un migrante convertido en un delincuente. Una mujer libre presentada como una amenaza.
La persona trans reducida a una burla. Y esto sucede tanto en la vida real como también en las redes sociales. Creo que conviene recordar algo y es que el odio no nace de, en fin, una suerte de generación espontánea, ¿no? El odio se cultiva y se promueve.
El odio, por tanto, se fabrica, no es consustancial al ser humano. Es como un virus en un laboratorio con el que se experimenta. El odio evidentemente también se propaga de manera fría y calculada con estrategias que sirven a determinados intereses. Porque el odio se ha convertido desgraciadamente en un arma política. Un arma que no solo sirve para atacar o acosar a la persona que es diferente,
sino sobre todo para acallar voces. Así impone la industria del odio una suerte de ley del silencio. Por tanto, si el odio ya es peligroso, las redes sociales desgraciadamente lo han convertido en un arma de polarización masiva. Un arma fácil de encontrar y mucho más fácil de utilizar. Y extremadamente lucrativa para algunos.
También hay que reconocerlo y ponerlo encima de la mesa. Primero porque han reducido el coste de odiar. Porque basta solamente un clic, casi siempre desde el anonimato cobarde que refuerza la impunidad y la agresividad. Segundo porque las redes permiten canalizar el odio.
Hay grupos que son absolutamente irrelevantes que pueden amplificar el odio mediante perfiles falsos, mediante acciones coordinadas, acosando a personas y a colectivos enteros. Muchas veces uno no sabe si son bots o son personas las que están detrás de esos propagadores del odio. Generalmente suelen ser bots, no suelen ser personas. Son colectivos irrelevantes, pero sí tienen capacidad de amplificar ese mensaje de odio.
Y finalmente, el odio genera negocio. El odio polariza, genera interacción. Y los diseñadores del algoritmo lo saben y potencian precisamente mantener enganchada a la gente en esos discursos y en esas conversaciones de odio. El odio, por tanto, ya no es una emoción, sino que podríamos decir el odio es un producto.
El entorno digital no puede ser un espacio sin reglas y a partir de ahora, creo que las redes sociales tendrán que rendir cuentas públicamente por cada contenido de odio que permitan. Y la sociedad en su conjunto podrá ser consciente de los ambientes en los que nos relacionamos, en los que se mueven nuestros menores y también nuestros jóvenes. Nada ni nadie, por ser más poderoso que sea, está por encima o al margen de la ley.
Durante mucho tiempo las plataformas han querido maximizar beneficios y minimizar las responsabilidades. Y ese tiempo ha terminado. Ese tiempo ha terminado. Vamos a parar al odio en nuestras redes sociales, en nuestras calles y también en los patios de nuestras escuelas.
Sé que en esta lucha la sociedad española va a acabar prevaleciendo. Estoy convencido. Porque hay mucha gente concienciada sobre los riesgos y los efectos de toda esta, en fin, expansión de odio, por decirlo de manera políticamente correcta, que desgraciadamente vivimos en las redes sociales y que se propaga a nuestro día a día en el mundo offline.
Porque la mayoría social está formada por buenas personas. Personas que pueden tener opiniones diferentes, pero que en su vida cotidiana no se dejan llevar por el odio. Se mueven por algo mucho más poderoso que es el amor. El amor por nuestras parejas, el amor por nuestros hijos y nuestras hijas, por nuestros padres y por nuestros hermanos, por nuestros vecinos, por nuestros amigos, y sí, el amor también por el diferente.
Por el que viene de fuera y por el que vive a miles de kilómetros de aquí, pero que sufre el dolor y la injusticia, ya sea en Gaza, en Sudán, en Beirut, en Kiev o en Teherán. Esa es nuestra misión, señoras y señores, que hablemos más de amor y menos de odio. Muchas gracias.