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Estados Unidos está deportando a palestinos
detenidos por el ICE a territorio ocupado. Una
investigación de The Guardian destapa una operación
discreta para expulsar a palestinos detenidos
por el ICE directamente a territorio ocupado.
¿Y cómo lo hacen?
Con un Gulfstream propiedad de Gil Dezer, magnate
inmobiliario de Florida, socio de negocios y
donante de Trump, y miembro de la rama de Miami
de Friends of the Israel Defense Forces. El
21 de enero al menos ocho hombres palestinos
fueron trasladados desde Arizona hasta Tel Aviv
esposados de muñecas y tobillos. Luego, según
el testimonio recogido por The Guardian, autoridades
israelíes los llevaron hasta un checkpoint y
los dejaron en la carretera. Cerca de la zona
de Nilin. El 1 de febrero ese mismo jet habría
hecho otro viaje con más deportados. Y en la
ruta hubo paradas técnicas, incluida Irlanda.
Lo que ya ha abierto un debate político por
la posible complicidad de permitir el repostaje.
¿Y por qué importa todo esto?
Porque no solo hablamos de deportación. Hablamos
de devolver a personas a un territorio ocupado
en pleno contexto de genocidio. Recordemos que
el propio ejército israelí ha llegado a estimar
70.000 muertos en Gaza desde octubre de 2023.
Y hablamos de las cifras más conservadoras.
Y aunque hay alto el fuego, los ataques no han
cesado. En los últimos cuatro meses los ataques
israelíes han matado a 524 palestinos. Y herido
a otros 1.360. Además de registrarse al menos
1.450 violaciones de la tregua. Cuando un Estado
deporta, elige a dónde te devuelve. Y si te
devuelve a un territorio ocupado, en manos de
una potencia militar, en mitad de una ofensiva
que no se detiene, eso ya no es gestión migratoria.
Eso es usar la deportación como herramienta
política. Y por si creías que la gestión del
ICE no podía ser peor.
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