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En medio de trenes bulliciosos, cruces abarrotados y calles urbanas repletas,
mucha gente en Japón lucha en silencio contra la soledad.
El país tiene la población más envejecida del mundo,
con casi el 30 % de las personas de 65 años o más.
Y a medida que las generaciones más jóvenes se mudan por trabajo y las familias se reducen,
más ancianos japoneses se quedan viviendo y muriendo solos.
Las cifras del Gobierno muestran que casi 77 000 personas fueron halladas muertas a solas en sus hogares el año pasado,
algunas sin ser descubiertas durante días, incluso meses.
Se conoce en japonés como kurokushi, o muerte solitaria.
Toyama Heights, en Tokio, es una de las urbanizaciones de viviendas públicas más antiguas de Japón,
donde se han registrado varios de estos casos.
Setsuko Kurohara, de 88 años, lleva viviendo sola aquí más de 15 años.
Sus hijos ya son mayores y viven lejos.
Pasa la mayor parte de los días con otros residentes ancianos que viven en la urbanización.
Tengo algunas enfermedades incurables y siempre estoy enferma.
Tengo que ir mucho al hospital.
Si ya no puedo caminar, iré a una residencia de ancianos.
Pero por ahora, me quedaré aquí con todos.
Una red de apoyo inesperada es una empresa que reparte yogur todos los días.
Para algunos mayores, esa breve charla en la puerta puede ser el único contacto humano que tienen en todo el día.
Tienen muchas ganas de que vengamos y nos esperan pacientemente por la mañana.
Si no se encuentran bien, no queremos que se desplomen,
así que en esas situaciones lo informamos de inmediato a la empresa.
Pero la soledad no es solo un problema de los ancianos.
Los expertos dicen que el aislamiento social también está aumentando entre las generaciones más jóvenes,
que se enfrentan a una intensa presión laboral, círculos sociales cada vez más reducidos y una creciente desconexión emocional.
Se ha vuelto tan generalizado que Japón creó el puesto de ministro de la Soledad en 2021,
con la tarea de combatir el aislamiento.
Algunas personas buscan ayuda a través de líneas de atención telefónica y aplicaciones de apoyo a la salud mental.
Esto ha creado una industria que vale miles de millones de dólares.
Un ejemplo de ello es una variedad de plataformas en línea
donde los usuarios pueden reservar una cita con un compañero de conversación,
alguien con quien hablar ya sea por video o por teléfono,
no para recibir asesoramiento, sino simplemente para tener compañía.
En un país donde mucha gente dice que le cuesta encontrar un contacto social regular,
esto convierte la conversación misma en algo que se puede comprar bajo demanda.
La crisis de la soledad ya está transformando la forma en que la gente vive,
trabaja e interactúa entre sí.
Pero sin conexiones sociales más profundas,
el aislamiento podría convertirse en uno de los desafíos clave de Japón en los próximos años.
Patrick Clark, Al Jazeera, Tokio.
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Original transcript (English)
In the middle of bustling trains, crowded crossings, and packed city streets, many people in Japan are quietly struggling with loneliness. The country has the oldest population in the world, with nearly 30% of people aged 65 or older. And as younger generations move away from work and families become smaller,
more elderly Japanese are being left to live and die alone. Government figures show nearly 77,000 people were found dead alone in their homes last year, some undiscovered for days, even months. It's known in Japanese as Kurokushi, or lonely death. Toyama Heights in Tokyo is one of Japan's oldest public housing estates,
where several such cases have been reported. 88-year-old Setsuko Kurohara has been living alone here for more than 15 years. Her children are grown up and live far away. She spends most days with other elderly residents who live in the estate. I have some incurable diseases, and I'm constantly ill.
I have to go to the hospital a lot. If I can't walk anymore, I'll go to a nursing home. But right now, I'll stay here with everyone. One unlikely support network is a company that delivers yogurt every day. For some seniors, the brief doorstep conversation may be the only human contact they have all day.
They really look forward to us coming, and they wait patiently for us in the morning. If they seem unwell, we don't want them to collapse, so we report it to the company immediately in those situations. But loneliness isn't just a problem among the elderly. Experts say social isolation is also increasing among younger generations,
facing intense work pressure, shrinking social circles and increasing emotional disconnection. It's become so widespread that Japan created a minister of loneliness position in 2021, tasked with combating isolation. Some people seek help through hotlines and mental health support applications. It's created an industry worth billions of dollars.
One example of that is a range of online platforms where users can book a time with a conversation partner, someone to talk to either by video or phone, not for counseling, but simply for company. In a country where many people say they struggle to find regular social contact,
it turns conversation itself into something that can be bought on demand. The loneliness crisis is already reshaping the way people live, work and interact with each other. But without deeper social connections, isolation could become one of Japan's defining challenges in the years to come.
Patrick Clark, Al Jazeera, Tokyo.