Transcript · Spanish → Portuguese
Dark Legend of Possession and Dance
Isto não é arte. É um aviso que alguém desenhou com
as mãos
tremendo, tentando avisar você antes que fosse
tarde.
Diz a lenda que isto não representa demônios quaisquer.
Representa aqueles que dançam antes de possuir.
Num convento desmoronado nos arredores de um povoado que já não aparece nos
mapas, as freiras falavam de um ritual que o
próprio inferno
usava para escolher suas vítimas. Não entravam num corpo à
força. Primeiro, dançavam diante dele.
Três figuras com chifres como espinhos e patas de fera giravam na
escuridão da capela, convidando quem as observasse a se mover igual.
E quem se movia nunca mais voltava a ser o mesmo.
Uma irmã, a última a ficar naquele lugar,
escreveu
em seu diário que os viu uma noite inteira dançando ao redor do
altar enquanto a cruz sangrava por dentro da madeira.
Disse que sentiu o próprio corpo querer imitá-los.
Disse que rezou com tanta força que os lábios sangraram.
E, ainda assim, ao amanhecer, seus pés estavam
destroçados, como se tivesse dançado a noite toda
descalça sobre pedras.
Ela nunca mais falou depois daquela noite.
Este desenho apareceu pregado na porta de sua cela, feito com
carvão e algo mais escuro misturado nos traços.
A Igreja lacrou o convento. Proibiu que se falasse do
incidente. Mas o diário sobreviveu.
E, na última página, sublinhada três vezes, estava escrito: "Não os olhe
dançar. Eles não querem sua alma primeiro, querem seu
corpo. A alma eles deixam para depois, quando você não
puder mais gritar".
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Original transcript (Spanish)
Esto no es arte. Es una advertencia que alguien dibujó con las manos temblando, tratando de avisarte antes de que fuera tarde. Cuenta la leyenda que esto no representa demonios cualquiera.
Representa a los que bailan antes de poseer. En un convento derrumbado en las afueras de un pueblo que ya no aparece en los mapas, las monjas hablaban de un ritual que el mismísimo infierno usaba para elegir a sus víctimas. No entraban en un cuerpo por la
fuerza. Primero, bailaban frente a él. Tres figuras con cuernos como espinas y patas de bestia giraban en la oscuridad de la capilla invitando a quien las observara a moverse igual. Y quien se movía ya no volvía a ser el mismo. Una hermana, la última en quedarse en ese lugar,
escribió en su diario que los vio una noche completa danzando alrededor del altar mientras la cruz sangraba por dentro de la madera. Dijo que sintió cómo su propio cuerpo quería copiarlos. Dijo que rezó con tanta fuerza que le sangraron los labios.
Y aun así, al amanecer, sus pies estaban destrozados, como si hubiera bailado toda la noche descalza sobre piedra. Nunca volvió a hablar después de esa noche. Este dibujo apareció clavado en la puerta de su celda, hecho con
carbón y con algo más oscuro mezclado en los trazos. La Iglesia selló el convento. Prohibió que se hablara del incidente. Pero el diario sobrevivió. Y en su última página, subrayada tres veces, decía: "No los mires bailar. Ellos no quieren tu alma primero, quieren tu
cuerpo. El alma la dejan para después, cuando ya no puedas gritar".