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¿Por qué no funcionaron los misiles rusos y
los radares chinos en Venezuela?
Porque antes de disparar un solo misil, alguien
bloqueó la señal. No fue un fallo mecánico.
Fue un bloqueo electrónico del espectro electromagnético.
El protagonista invisible de esta historia es
la aeronave de guerra electrónica EA-18G Growler.
Este avión no llega a lanzar bombas. Llega a
apagar radares, romper enlaces y descoordinar
sistemas. Opera de forma conjunta con los F-35,
con un alcance aproximado de 150 a 500 kilómetros,
sin necesidad de acercarse al territorio venezolano
para actuar. Primero escucha. Detecta las frecuencias
de los radares chinos y los enlaces que alimentan
y guían a los misiles rusos. Cada emisión revela
la posición, el tipo de sistema y su forma de
operar. Un radar encendido se delata solo. Después
viene el bloqueo. Interferencia precisa, ruido
digital dirigido y señales falsas. Las pantallas
se llenan de ecos inexistentes. Los blancos
reales desaparecen y, además, se generan apagones
por la pérdida de sincronización y control.
El radar sigue en pie. El misil sigue cargado.
Pero ya no reciben datos confiables. Este bloqueo
no requiere entrar al país. Puede ejecutarse
a cientos de kilómetros, desde espacio aéreo
internacional, porque la guerra electrónica
no cruza fronteras. Cruza ondas. Por eso no
hubo interceptaciones, por eso no hubo respuesta
visible, y por eso muchos se preguntan qué pasó.
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