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Discussion on Women's Roles in Society
Creo que, si una mujer debe intervenir en la imposición de una sentencia,
intervenir
entonces debo decir que, si esa mujer
fuera alguien cercano a mí, si quisiera imaginar
que
mi madre estuviera viva y quisiera sentarse en un tribunal para juzgar a un asesino
y dictar sentencia.
Jamás, jamás. Eso no lo queremos.
Tampoco quiero que haya mujeres policías uniformadas
que anden por ahí
persiguiendo a bribones o a delincuentes.
Son cosas que, en realidad, queremos evitar.
Entonces, naturalmente, alguien dice de inmediato: «Sí, perdone, usted tampoco deja que ellas
entren en los parlamentos».
Por supuesto. Pero solo porque estoy
convencido de que el Parlamento tampoco elevaría a la mujer, sino que solo la degradaría.
No aumentaría, sino que solo se degradaría.
También he sacado a los hombres del funcionamiento parlamentario.
Antes me decían,
antes me decían a menudo: «¿No cree usted acaso
que, si llevara a la mujer al Reichstag, que la
mujer ennoblecería entonces las costumbres del Reichstag
y con ello…»
No tengo ningún interés en ennoblecer el Reichstag ni sus
costumbres. Porque, ya sea que se hable con nobleza,
con distinción o con refinamiento, o no se hable, eso es
completamente indiferente.
Pero, además, estoy convencida de que, por ejemplo,
aquel parlamento no era otra cosa que un
saco de manzanas podridas.
Ahora me dirán: «Pero precisamente por eso debería
introducir allí las sanas.»
No, prefiero dejar fuera a las sanas,
para que no se pudran también
Eso es mejor.
Se deja morir lo que está destinado a morir.
Cuando hoy miro a mi alrededor, por el mundo, entonces me viene a la mente
una y otra vez una imagen de los periódicos ilustrados,
a saber,
un regimiento de mujeres en la Unión Soviética practicando el tiro de precisión
o un batallón de mujeres en España lanzando granadas de mano.
O bien
puedo decirles
a los representantes de esta clase de igualdad de derechos para las mujeres:
No sería un hombre si quisiera tolerar algo así.
He vivido la guerra.
Sé lo dura que es. Sé
cuántos hombres han quedado con los nervios destrozados en esta guerra.
Los he visto retirarse, a menudo por docenas y
docenas, temblando,
completamente desmoronados por dentro y
vomitando. La idea de que una muchacha o una
Si una mujer tuviera que asumir eso, dejaría de respetar
a los hombres alemanes.
Y ni yo respondería por ello, ni ellos deberían quedarse atrás.
Mientras tengamos
una generación masculina sana, y de eso nos ocuparemos los nacionalsocialistas,
no se formará en Alemania ninguna unidad femenina de lanzadoras de granadas
ni
ningún cuerpo femenino de francotiradoras.
Eso no es igualdad de derechos, sino que en realidad es
una merma de los derechos de la mujer. Porque para la mujer es más difícil que para
el hombre.
Para ella es mucho más aterrador que para el hombre.
También podría decir que en el futuro equiparé a niños y
los enviaré
a la guerra.
No haremos eso.
Pero, por lo demás,
ante nuestros ojos se abre una extensión inconmensurable
de la posibilidad de trabajar y del ámbito laboral para la mujer.
Porque para nosotros, la mujer ha sido siempre la compañera más fiel
de trabajo y de vida del hombre.
A menudo se decía que querían expulsar a la mujer de todas las profesiones.
Yo solo quiero brindarle la posibilidad, en la mayor medida posible,
de poder casarse
y ayudar a formar su propia familia
y poder tener hijos,
porque entonces, y
esa es mi convicción, naturalmente será cuando más beneficie a nuestro pueblo.
Porque eso está claro.
Y deben entender eso de mí.
Si hoy
tengo delante a una jurista
que, por mucho que pueda rendir, y al lado hay
una madre con cinco, seis, siete hijos, y estos están completamente
sanos y han sido bien educados por ella,
entonces quisiera decir que, desde el punto de vista de la eternidad,
desde la perspectiva del valor eterno de nuestro pueblo, la mujer que
puede tener hijos
y que ahora los ha tenido y ahora los ha criado, y que así ha dado vida a nuestro
pueblo para el futuro, ha hecho más. Ha hecho más.
Ella ha hecho más. Ha hecho más.
Ayuda a evitar
la muerte de nuestro pueblo.
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Original transcript (German)
Ich denke, dass eine Frau aber bei der Urteilsfällung in Erscheinung treten soll, dann muss ich sagen, wenn das eine Frau sein würde, die mir nahe steht, wenn ich mir vorstellen wollte,
meine Mutter würde leben und möchte über einen Mörder zu Gericht sitzen und ein Urteil fällen. Niemals, niemals. Das wollen wir nicht. Ich möchte auch nicht, dass uniformierte weibliche Polizei herumgeht
und Spitzbuben nachlaufen muss oder Verbrechern. Das sind lauter Dinge, die wollen wir eigentlich. Da kommt man natürlich und sagt sofort: "Ja, verzeihen Sie, Sie lassen sie auch nicht in die Parlamente." Gewiss. Aber nur deswegen, weil ich der
Überzeugung bin, dass auch das Parlament die Frau nicht heben, sondern nur degradieren würde. Ich habe ja auch die Männer aus dem parlamentarischen Betrieb herausgenommen. Man hat mir früher, man hat mir früher oft gesagt: "Glauben Sie denn nicht,
dass wenn Sie die Frau in den Reichstag holen würden, dass die Frau dann die Sitten des Reichstags veredeln würde und damit..." Ich habe ja gar kein Interesse, den Reichstag zu veredeln oder seine Sitten zu veredeln. Denn ob geedelt,
geadelt oder veredelt, geschwätzt wird oder nicht, das ist gänzlich einerlei. Ich bin aber außerdem der Überzeugung, dass zum Beispiel dieses damalige Parlament nichts anderes war als ein Sack mit faulen Äpfeln.
Nun wird man mir sagen: "Deswegen müssten Sie nun aber da Gesunde hineingeben." Nein, ich lasse die Gesunden lieber draußen, damit sie nicht auch noch faul werden. Das ist besser.
Man lässt das, was zum Sterben bestimmt ist, absterben. Wenn ich heute so in die Welt herumblicke, dann kommt mir immer wieder in den illustrierten Zeitungen ein Bild vor Augen, nämlich ein Frauenregiment in der Sowjetunion beim Scharfschießen
oder ein Frauenbataillon in Spanien beim Handgranatenwerfen. Oder ich kann da den Vertretern dieser Art von weiblicher Gleichberechtigung nur sagen: Ich würde kein Mann sein, wenn ich so etwas dulden wollte.
Ich habe den Krieg erlebt. Ich weiß, wie schwer er ist. Ich weiß, von wie vielen Männern die Nerven in diesem Krieg zerbrochen worden sind. Ich habe sie zurückgehen sehen, oft zu Dutzenden und Dutzenden, schlatternd,
in sich vollständig zerfallen und erbrochen. Der Gedanke, dass ein Mädchen oder eine Frau das auf sich nehmen soll, da könnte ich dann keinen Respekt mehr haben vor den deutschen Männern. Und weder ich stehe dafür gerade, ohne sie sollen zurückstehen.
Solange wir ein gesundes männliches Geschlecht besitzen, und dafür werden wir Nationalsozialisten sorgen, wird in Deutschland keine weibliche Handgranatenwerferinnen-Abteilung gebildet und kein weiblicher Scharfschützenkorps.
Das ist nicht Gleichberechtigung, sondern das ist in Wirklichkeit Minderberechtigung der Frau. Denn für die Frau ist das schwerer als für den Mann. Für sie ist es viel furchtbarer als für den Mann. Ich könnte genauso gut sagen, ich rüste Kinder aus in Zukunft und
schicke sie in den Krieg. Das werden wir nicht tun. Im Übrigen aber, da ist vor unserem Auge erschlossen eine unermessliche Weite
von Arbeitsmöglichkeit und Arbeitsbereich für die Frau. Denn für uns ist die Frau zu allen Zeiten der treueste Arbeits- und Lebensgenosse des Mannes gewesen. Man sagte oft, Sie wollen die Frau aus allen Berufen drücken. Ich will ihr nur die Möglichkeit im
weitesten Ausmaß verschaffen, heiraten zu können und eine eigene Familie mitgründen helfen zu können und Kinder bekommen zu können, weil sie dann, und das ist nun meine Überzeugung, unserem Volk natürlich am
allermeisten nützen. Denn das ist klar. Und das müssen Sie von mir verstehen. Wenn ich heute einen weiblichen Juristen vor mir habe und der kann noch so viel leisten und nebenan
eine Mutter mit fünf, sechs, sieben Kindern und die sind ganz gesund und sind von ihr gut erzogen, dann möchte ich sagen, vom ewigen Standpunkt des ewigen Wertes unseres Volkes aus hat die Frau, die Kinder bekommen kann
und die sie nun bekommen hat und die sie nun erzogen hat und die unserem Volk damit das Leben in die Zukunft geschenkt hat wieder, hat mehr geleistet. Sie hat mehr getan. Sie hilft mit, den Tod unseres Volkes zu vermeiden.