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Reflection on García Lorca's Legacy
Al pensar en esta mañana, he vuelto a las palabras de
un hombre que sé que es un héroe para muchos aquí,
Federico García Lorca. «Córdoba, lejana y
solitaria, jaca negra, luna llena, y aceitunas en mi bolsillo.
Aunque conozco los caminos, nunca llegaré a
Córdoba».
Cuando García Lorca publicó «Canción del jinete» hace casi noventa años,
el mundo, igual que ahora, atravesaba un momento de
inmensa oscuridad y convulsión.
El fascismo se extendía sigilosamente por Europa. Aquí, en Nueva York, donde
García Lorca había hallado una profunda resonancia entre la poesía afroamericana
de Harlem y el flamenco de su España natal,
el aislacionismo era el movimiento predominante de la época.
Nuestra nación estaba marcada por el conflicto y el sufrimiento.
En 1937, no nos veíamos como seres
interconectados,
sino que creíamos estar más seguros cuanto más separados estábamos.
En España, mientras rugía la Guerra Civil, las fuerzas de Franco
de la represión cometieron atrocidades contra quienes consideraban demasiado
de izquierdas. Un año antes de que se publicara Writer's Song,
García Lorca fue asesinado por los hombres de Franco, ejecutado por un pelotón
de fusilamiento. Tenía razón. Nunca llegó a Córdoba.
García Lorca nunca ocultó sus creencias.
Creía demasiado profundamente en la posibilidad de un mundo mejor.
Hoy, nueve décadas después,
quienes estamos en esta sala tenemos el poder de hacer realidad esa visión.
realidad.
Podemos llevar nuestro movimiento por la igualdad y la justicia más allá de
los horizontes que jamás creímos posibles.
La luna llena guía nuestro camino, y nosotros también conocemos los caminos.
Me enorgullece mucho estar junto al primer ministro Sánchez y Motley, dos defensores
de los trabajadores.
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Original transcript (English)
As I looked forward to this morning, I have returned to the words of a man who I know is a hero to many here, Federico García Lorca. "Córdoba, far and lonely, black pony, full moon, and olives in my pocket. Although I know the roads, I'll never reach
Córdoba." When García Lorca published Writer's Song nearly ninety years ago, the world, just as it is now, was in a moment of immense darkness and upheaval. Fascism crept across Europe. Here in New York, where
García Lorca had found a deep resonance between the African American poetry of Harlem and the flamenco of his native Spain, isolationism was the prevailing movement of the day. Our nation had been scarred by conflict and suffering. In nineteen thirty-seven, we did not see ourselves as
interconnected, but safer the more separate we were. In Spain, as the Civil War raged, Franco's forces of repression perpetrated atrocities against those they deemed to be too left-wing. A year before Writer's Song was published,
García Lorca was killed by Franco's men, executed by a firing squad. He was right. He never reached Córdoba. García Lorca never concealed his beliefs. He believed too deeply in the possibility of a better world. Today, nine decades later,
those of us in this room hold the power to make that vision a reality. We can carry our movement for equality and justice to further horizons than we ever thought possible. The full moon guides our path, and we too know the roads.
I'm so proud to be joined by Prime Minister Sánchez and Motley, two champions of working people.