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En los escenarios que nos habíamos planteado que
podría darse un ataque, nunca imaginamos que
cruzarían esa línea,
no roja, púrpura, de atacar la capital
que vio nacer a nuestro Padre Libertador Simón Bolívar, de atacar y bombardear
una ciudad de un país suramericano. Eso no está en nuestra historia. Y no... lo digo
con absoluto conocimiento,
aunque esperábamos que ellos se atreviesen a atacar, nunca pensamos que sería
de esta naturaleza
tan salvaje y criminal, en una confrontación, además, tan desigual.
Hay que reconocerlo, estamos enfrentando
una potencia nuclear. No la enfrentamos con miedo. Para que ustedes lo sepan.
Las amenazas vinieron desde el primer minuto que ellos secuestraron al presidente.
Nos dieron, a Diosdado, a Jorge y a mí, quince minutos
para responder si no nos iban a matar. Y frente a la
información que nos habían dicho que los habían asesinado,
no que estaban secuestrados, nosotros dijimos:
estamos listos a correr la misma suerte. Y se lo digo, ese...
esa afirmación la mantenemos al día de hoy. Porque las amenazas son permanentes.
Los chantajes son permanentes. Y nosotros tenemos que ir
con paciencia y prudencia estratégica. Con objetivos muy claros,
hermanos y hermanas. Objetivos claros. El primero de ellos
es preservar la paz de la República. El segundo,
nosotros tenemos que rescatar a nuestros rehenes. Alguien nos dijo:
bueno, los van a estar permanentemente chantajeando con
el presidente y la primera combatiente. Y nosotros dijimos...
ellos se declaran en combate allá y nosotros en combate acá.
Pero eso no quiere decir
que no somos
cautelosos en cada paso que damos pensando en ellos. Cada paso que avanzamos,
o cada estrategia,
nosotros la damos pensando en ellos.
Y el tercer punto es preservar el poder político. Porque...
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