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¿Sabes qué están aplaudiendo? Quédate que te lo cuento y verás cómo te llevas las manos a la cabeza.
El Parlamento Europeo ha aprobado negociar una reforma migratoria que endurece las deportaciones
y abre la puerta a centros de expulsión fuera de la Unión Europea.
Los llaman hubs de retorno, pero el nombre bonito no cambia lo que son.
Son lugares donde enviar personas para quitarlas de en medio.
La votación salió adelante con 389 votos a favor, 206 en contra y 32 abstenciones.
Gracias al apoyo de conservadores y extrema derecha.
Y aquí está una de las claves políticas.
No solo gira la política migratoria, también se normaliza que el endurecimiento salga adelante con esa alianza.
¿Y qué plantea este texto?
Primero, que las personas con orden de expulsión tengan que cooperar obligatoriamente con su propio retorno.
Segundo, que puedan ser detenidas hasta 24 meses si no cooperan o si las autoridades consideran que hay riesgo de fuga.
Y tercero, que incluso familias con menores puedan ser enviadas a esos centros en terceros países.
Los únicos excluidos serían los menores no acompañados.
Además, se eliminan como posibles motivos de aplazamiento cuestiones como ciertos tratamientos médicos o lazos familiares.
O sea, menos margen para frenar una deportación y más castigo para quien quede atrapado en el sistema.
¿Y por qué esto recuerda a Estados Unidos?
Porque cada vez se parece más a una lógica de expulsión, detención larga y externalización de fronteras.
Sacar el problema fuera, endurecer el control y convertir la migración en una cuestión casi exclusivamente policial.
Todo esto encaja con el Pacto Europeo de Migración y Asilo, que empieza a aplicarse en junio de 2026.
Así que no hablamos de una anécdota.
Hablamos de una dirección política.
Europa no es Estados Unidos.
Pero en Migración cada vez ensaya un guión más parecido.
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