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Human Trafficking in Operation Yakin
En 1961, el rey de Marruecos le puso un precio a sus propios ciudadanos.
El rey Hasán II acababa de ascender al trono,
y quería dinero en efectivo,
armas pesadas y seguridad personal para su palacio.
Al otro lado del Mediterráneo, el proyecto sionista quería cuerpos humanos físicos
para poder reclamar más tierras,
construir infraestructura estratégica y poblar puestos de avanzada fronterizos en el desierto.
Así que los dos Estados llegaron a un acuerdo.
La historia oficial llamó a esto una misión de rescate humanitario.
En realidad, esto era trata de personas.
Se llama Operación Yakin.
Israel y el monarca marroquí acordaron un precio directo
por cabeza para los seres humanos.
Un anticipo de 500 000 dólares en efectivo fue directamente a la tesorería de la corte de Hasán.
Después del anticipo, el Estado marroquí recibió 100 dólares por
cada ciudadano judío al que le permitió salir,
hasta 50.000 personas.
Una vez que la corte superó las 50.000,
el precio unitario subió a 250 dólares por cabeza.
Para ocultar el dinero,
utilizaron una organización fachada estadounidense llamada Sociedad de Ayuda al Inmigrante Hebreo,
HIAS.
HIAS canalizó aproximadamente 50 millones de dólares directamente a las cuentas del Estado marroquí
durante tres años.
Sobre el terreno en Casablanca, una unidad encubierta del Mossad llamada Miscrit registró a las familias,
las fotografió y las procesó para su salida.
Entre 1961 y 1964,
este sistema extrajo a más de 90.000 personas, más de la mitad de la población judía de Marruecos.
El rey Hassan monetizó a su propia población.
Cobró una tarifa por cabeza en la frontera y
entregó a esos ciudadanos a una potencia extranjera.
Cuando una banda privada hace esto, el derecho internacional lo llama trata de personas.
Pero cuando un monarca lo hace con una agencia de inteligencia
usando una entidad benéfica como banco, la historia oficial lo llama misión humanitaria.
Israel no compró a 90 000 personas de Marruecos por su seguridad o santuario.
Las compró para trabajo físico,
para construir infraestructura estratégica, extraer minerales y retener tierras robadas.
Cuando llegaron los barcos de Casablanca, las agencias estatales israelíes
no llevaron a esas familias a sus nuevos hogares urbanos.
Los trabajadores las rociaron con pesticida DDT y luego las cargaron
en camiones de plataforma y las llevaron al desierto al amparo de la noche.
Estas agencias estatales luego pusieron a esa mano de obra importada directamente
a trabajar en sus instalaciones militares e industriales de gran valor.
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Original transcript (English)
In 1961, the King of Morocco put a price tag on his own citizens. King Hassan II had just taken the throne, and he wanted cash, heavy weapons, and personal security for his palace. Across the Mediterranean, the Zionist project wanted physical human bodies
so that it could claim more land, build strategic infrastructure, and populate border outposts in the desert. So the two states struck a deal. The official story called this a humanitarian rescue mission. In reality, this was human trafficking.
It's called Operation Yakin. Israel and the Moroccan monarch agreed a direct per head price tag on human beings. A $500,000 cash retainer went directly to Hassan's court treasury. After the retainer, the Moroccan state received $100 for
every Jewish citizen that it permitted to leave, up to 50,000 people. Once the court passed 50,000, the unit price jumped to $250 per head. To disguise the money,
they used an American front organization called the Hebrew Immigrant Aid Society, HIAS. HIAS funneled roughly $50 million directly into the Moroccan state accounts over three years. On the ground in Casablanca, an undercover Mossad unit called Miscrit registered families,
photographed them, and processed them for departure. Between 1961 and 1964, this system extracted over 90,000 people, more than half of Morocco's Jewish population. King Hassan monetized his own population. He collected a per head fee at the border and
handed those citizens over to a foreign power. When a private gang does this, international law calls that human trafficking. But when a monarch does it with an intelligence agency using a charity as a bank, official history calls that a humanitarian mission. Israel did not buy 90,000 people from Morocco for their safety or sanctuary.
It bought them for physical labor, to build strategic infrastructure, to extract minerals, and to hold stolen land. When the ships from Casablanca arrived, Israeli state agencies did not take those families to their new urban homes. Workers sprayed them with DDT pesticide and then loaded them
onto flatbed trucks and drove them into the desert under cover of night. These state agencies then put that imported workforce directly to work on their high-value military and industrial sites.