Transcript · German → Spanish
Historical Gathering of Nations
Hombres
y mujeres.
Acabamos de ser testigos
de un acontecimiento histórico
que, de esta forma
y en semejante magnitud,
nunca había tenido lugar hasta ahora.
Más de un millón de personas
se han reunido aquí para un acto
en el que ciento quince millones de personas de dos pueblos
participan con intensa emoción
y que cientos de millones de personas del resto del mundo
siguen como oyentes
más o menos interesados.
Lo que a todos nos conmueve primero
en este momento
es la gran alegría
de tener en nuestro seno
como huésped
a uno de esos hombres solitarios de la época,
saberlo entre nosotros, en los que no se desarrolla la historia
sino que
ellos mismos hacen historia.
En segundo lugar, sentimos
que este acto no es una de esas reuniones
que se celebran siempre y también en otros lugares.
sino que expresa una profesión de fe basada en ideales comunes
y en intereses comunes.
Una profesión de fe pronunciada por dos hombres
que aquí oirá un millón de personas, pero que
ciento quince millones esperan y afirman con el corazón ardiente
con el corazón ardiente.
Y por eso
esta velada de hoy
ya no es una asamblea popular, sino una
manifestación de los pueblos.
Pero el sentido más profundo de esta manifestación
de los pueblos es el deseo sincero
de garantizar a nuestros países esa paz
que no sea el premio de una cobardía abnegada,
sino el resultado de un
aseguramiento responsable de nuestras
sustancias nacionales, espirituales y físicas, así como
de nuestras sustancias culturales y nuestra firmeza.
Pero con ello creemos también servir mejor
a esos intereses que trascienden a nuestros dos pueblos
en realidad, los intereses de toda Europa deberían ser.
Si hoy somos capaces de
celebrar aquí esta concentración,
entonces podemos valorar el cambio que ha quedado atrás tras
el tiempo transcurrido.
Ningún pueblo puede anhelar más la paz
que el alemán.
Pero ningún pueblo ha conocido tampoco más
las terribles consecuencias de una
credulidad confiada y débil que el nuestro.
Porque, antes de la llegada al poder del nacionalsocialismo,
queda atrás un período de quince
años,
que fue una sucesión ininterrumpida de opresiones,
extorsiones, negación de la igualdad de derechos y, con ello,
de una miseria espiritual y material indescriptible.
Los ideales del liberalismo y de la democracia
en nuestro país no salvaron a la nación alemana de
las peores violaciones imaginables en la historia.
Por eso, el nacionalsocialismo tuvo que erigir un otro ideal más eficaz,
para devolver a nuestro
pueblo aquellos derechos humanos generales
que durante quince años y medio le habían sido
negados
negados
En estos tiempos
de las pruebas más amargas, se ha demostrado,
esto debo expresarlo esta noche ante el pueblo alemán y
ante el mundo entero, que Italia
y, en especial, la Italia fascista—
—no participaron en las
humillaciones
de nuestro pueblo.
Ha—
Ha sabido en estos años comprender
las exigencias de una gran nación por obtener el mismo derecho
a una vida digna y desnuda y, no por último,
a su honor como pueblo.
Por eso nos llenó de sincera satisfacción
que llegara una hora en la que pudiéramos recordarlo
y, como creo, lo hayamos recordado.
De la comunidad
de la revolución fascista y la revolución nacionalsocialista
ha surgido hoy una comunidad no solo de opiniones, sino
también de acción.
Pero esto es una suerte en una época
y para un mundo en el que las tendencias de destrucción y
de deformación son visibles por todas partes.
La Italia fascista se ha convertido, gracias a la genial
actividad creadora de un hombre forjador
en un nuevo imperio.
Usted, Benito Mussolini, habrá constatado estos días con
sus propios ojos el hecho en el Estado nacionalsocialista:
También Alemania, en su actitud popular y su
fuerza militar, vuelve a ser una potencia mundial.
una potencia mundial.
La fuerza de estos dos imperios
constituye hoy la garantía más sólida para la
conservación de una Europa,
que aún conserva un sentimiento por su misión cultural
y no está dispuesto a sucumbir a la disolución
provocada por elementos destructivos.
Pero todo intento
de desintegrar una comunidad de pueblos así
enfrentándolos entre sí, mediante
sospechas o atribuyéndole objetivos falsos
o disolverla
fracasará igualmente ante la unión de los
ciento quince millones que en esta hora
forman esta manifestación de la comunidad,
pero sobre todo ante la voluntad de los dos hombres que están aquí ante ustedes
y les hablan.
End of transcript · 734 words · machine translated
Original transcript (German)
Männer und Frauen. Wir sind soeben Zeugen eines geschichtlichen Vorganges, der sich in dieser Form
und in einem solchen Ausmaß bisher noch nicht abgespielt hat. Über eine Million Menschen haben sich hier versammelt zu einer Kundgebung, an der hundertfünfzehn Millionen Angehörige
zweier Völker in heißer Empfindung teilnehmen und die Hunderte von Millionen Menschen der übrigen Welt als mehr oder weniger interessierte Hörer verfolgen. Was uns alle in diesem Augenblick
zuerst bewegt, ist die große Freude, in unserer Mitte als Gast einen jener einsamen Männer der Zeiten zu
wissen, an denen sich nicht die Geschichte abrollt, sondern die selbst Geschichte machen. Zweitens fühlen wir, dass diese Kundgebung nicht eine der Versammlungen ist,
wie sie immer und auch anderwärts stattfinden, sondern dass sie ein Bekenntnis ausdrückt aus gemeinsamen Idealen und zu gemeinsamen Interessen. Ein Bekenntnis, das von zwei Männern ausgesprochen wird, das eine Million Menschen hier hören, aber
hundertfünfzehn Millionen mit heißem Herzen erwarten und bejahen. Und damit ist dieser Abend heute keine Volksversammlung mehr, sondern eine
Völkerkundgebung. Der tiefste Sinn dieser Völkerkundgebung aber ist der aufrichtige Wunsch, unseren Ländern jenen Frieden zu garantieren, der nicht der Lohn einer entsagenden Feigheit,
sondern das Ergebnis eines verantwortungsbewussten Sicherns unserer völklichen, seelischen und leiblichen sowohl als unserer kulturellen Substanzen und Härte ist. Damit glauben wir aber auch, jenen Interessen am besten
zu dienen, die über unsere beiden Völker hinaus eigentlich die Interessen von ganz Europa sein müssten. Wenn wir heute in der Lage sind, hier diese Kundgebung abzuhalten, dann ermessen wir den Wandel der hinter uns
zurückliegenden Zeit. Kein Volk kann sich mehr nach Frieden sehnen als das Deutsche. Kein Volk hat aber auch mehr die furchtbaren Folgen von schwacher
Vertrauensseligkeit kennengelernt als das unsere. Denn hinter uns liegt vor dem Machtantritt des Nationalsozialismus eine Periode von fünfzehn Jahren, die eine einzige Folge von Unterdrückungen,
Erpressungen, verweigertem gleichen Recht und damit von unsagbarer seelischer und materieller Not war. Die Ideale des Liberalismus und der Demokratie in unserem Lande haben die deutsche Nation nicht gerettet vor den schlimmsten Vergewaltigungen, die geschichtlich denkbar waren.
So musste der Nationalsozialismus ein anderes und wirkungsvolleres Ideal aufrichten, um unserem Volk jene allgemeinen Menschenrechte wiederzugeben, die ihm anderthalb Jahrzehnte lang verweigert
worden sind. In diesen Zeiten bitterster Prüfungen, da hat sich, dies muss ich am heutigen Abend vor dem deutschen Volk und einer ganzen Welt aussprechen, Italien
und besonders das faschistische Italien- -an den Demütigungen unseres Volkes nicht beteiligt. Es hat-
Es hat in diesen Jahren Verständnis aufzubringen vermocht für die Forderungen einer großen Nation nach gleichem Recht für ihr nacktes Leben und nicht zuletzt für ihre völkliche Ehre. Es erfüllte uns daher mit aufrichtiger Befriedigung,
dass eine Stunde kam, in der wir uns dessen erinnern konnten und, wie ich glaube, erinnert haben. Aus der Gemeinsamkeit der faschistischen und der nationalsozialistischen Revolution ist heute eine Gemeinsamkeit nicht nur der Ansichten, sondern
auch des Handelns gekommen. Dies ist aber ein Glück in einer Zeit und für eine Welt, in der die Tendenzen der Zerstörung und der Deformation überall sichtbar sind. Das faschistische Italien ist durch die geniale
schöpferische Tätigkeit eines gestaltenden Mannes zu einem neuen Imperium geworden. Sie, Benito Mussolini, werden in diesen Tagen mit eigenen Augen aber die Tatsache am nationalsozialistischen Staat festgestellt haben: Auch Deutschland ist in seiner
völklichen Haltung und seiner militärischen Stärke wieder eine Weltmacht. Die Kraft dieser beiden Reiche bildet heute den stärksten Garanten für die Erhaltung eines Europas,
das noch eine Empfindung besitzt für seine kulturelle Mission und nicht gewillt ist, durch destruktive Elemente der Auflösung zu verfallen. Jeder Versuch aber, eine solche Völkergemeinschaft
durch gegenseitiges Ausspielen, durch Verdächtigungen oder durch die Unterschiebung unwahrer Ziele auseinanderbringen oder auflösen zu wollen, wird ebenso scheitern an dem Bund der hundertfünfzehn Millionen, die in dieser
Stunde diese Kundgebung der Gemeinschaft bilden, ja aber besonders am Willen der beiden Männer, die hier vor Ihnen stehen und zu Ihnen sprechen.