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End of Public Executions in France
Esta fue la última vez que la guillotina francesa cumplió con su deber en
público. En junio de 1939, el condenado, Eugen
Weidmann, nunca cerró los ojos. Tras ser condenado a muerte
por múltiples crímenes violentos, su respiración agitada delataba el miedo
que sentía por dentro. Mientras tanto, afuera, unos empleados trabajaban alrededor de
una estructura de madera. El tintineo de las piezas metálicas se
distinguía claramente en el
silencio. Lo que estaban montando era la guillotina, que Francia había usado
durante casi ciento cincuenta años.
Su hoja relucía con frialdad, como si cargara con el peso de siglos de
orden y disuasión
franceses. Según el protocolo penitenciario,
un traje oscuro le fue
entregado. Esto no era una tradición especial,
sino una forma de permitirle conservar
su dignidad en sus últimos momentos. Tras pasar toda la noche despierto, su
tenía la mirada perdida y caminaba con paso vacilante.
Necesitaba apoyo solo para mantenerse en pie. Al final del pasillo, un sacerdote
esperaba de pie con una escritura sagrada. Entre el suave murmullo de las plegarias, las
emociones de Weidmann se calmaron un poco, aunque sus manos aún temblaban
incontrolablemente. Luego lo condujeron al lugar de la ejecución.
De camino, un guardia le ofreció una bebida
y un cigarrillo.
Rechazó el alcohol, pero con manos temblorosas,
encendió el cigarrillo.
Uno no puede evitar preguntarse, incluso un hombre culpable de crímenes terribles
anhelaba un vestigio de familiaridad y calma.
Al final, antes de acercarse al mecanismo,
un guardia le cortó suavemente
el cuello de la camisa. Esto era para minimizar cualquier obstrucción durante la
ejecución. Para entonces, Weidmann estaba casi inconsciente.
Dos guardias lo sostuvieron y lo llevaron hasta el frío aparato.
Se pulsó el interruptor, y todo se detuvo de golpe.
Un breve silencio cayó sobre la escena, roto solo por susurros dispersos,
recordando a todos que lo que acababa de ocurrir era real.
Después de ese día, Francia puso fin a la era de la ejecución
pública. Una era que dependía del castigo público llegó
a su
fin, y nos deja una pregunta para
reflexionar.
¿Significa la verdadera civilización dejar de usar el miedo para mantener el orden?
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Original transcript (English)
This was the last time the French guillotine carried out its duty in public. In June 1939, the condemned man, Eugen Weidmann, never closed his eyes. Having been sentenced to death for multiple violent crimes, his rapid breathing betrayed the fear inside. Meanwhile, outside, a few staff were busy around
a wooden frame. The sound of metal parts clinking stood out sharply in the silence. What they were assembling was the guillotine, which France had used for nearly one hundred fifty years. Its blade gleamed coldly, as if bearing the weight of centuries of
French order and deterrence. Following prison procedure, a dark suit was handed to him. This was not a special tradition, but a way to let him keep
his dignity in his final moments. Having stayed awake all night, his eyes were vacant and his steps unsteady. He needed support just to stand. At the end of the corridor, a priest stood waiting with a scripture. In the soft murmur of prayers, Weidmann's emotions settled somewhat, though his hands still trembled
uncontrollably. He was then led to the execution ground. Along the way, a guard offered him a drink and a cigarette. He refused the alcohol, but with trembling hands, lit the cigarette.
One can't help but wonder, even a man guilty of terrible crimes longed for a shred of familiarity and calm. At the very end, before he approached the device, a guard gently cut open his shirt collar. This was to minimize any obstruction during the
execution. By then, Weidmann was nearly unconscious. Two guards held him up and brought him to the cold apparatus. The switch was pressed, and everything stopped abruptly. A brief silence fell over the scene, broken only by scattered whispers, reminding everyone that what had just happened was real.
After that day, France put an end to the era of public execution. An age that relied on public punishment had come to a close, and it leaves us with a question to reflect on.
Does true civilization mean no longer using fear to maintain order?