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Inglaterra no solo no será capaz de combatir el bolchevismo, sino que su
propio desarrollo inevitablemente discurrirá cada vez más en el sentido de esta enfermedad
disolvente.
Los espíritus que las democracias han invocado desde las ciudades de Asia, ya no
podrán librarse de ellos.
Todas las pequeñas naciones europeas que, confiando en las promesas aliadas y
habiendo capitulado, se dirigen hacia su total exterminio.
El que este destino las alcance un poco antes o después, medido frente a su inevitabilidad,
es completamente irrelevante.
Existen consideraciones explícitamente tácticas que mueven a los judíos del Kremlin a actuar en un caso
de inmediato con brutalidad y, en el otro, al principio con cierta moderación.
El final siempre será el mismo.
Pero Alemania jamás sufrirá este destino.
La garantía de ello es la victoria lograda hace doce años en el interior de nuestro país.
Independientemente de lo que nuestros enemigos puedan encontrar, de lo que estos paisajes y, sobre todo,
el sufrimiento que tenga que soportar nuestra gente, fue insignificante frente a la miseria incorregible
y la desgracia que nos sobrevendría si la conspiración plutocrático-bolchevique
prevaleciera.
Por lo tanto, en el duodécimo aniversario de la toma del poder, es aún más necesario fortalecer el corazón
como nunca antes y, finalmente, consolidar la sagrada resolución de empuñar las armas,
sin importar dónde y sin importar bajo qué circunstancias, debemos, hasta lograr la victoria,
hacer resonar nuestro miedo sobre nosotros.
Por lo tanto, también en los próximos años seguiré recorriendo este camino de representación intransigente de los
intereses de mi pueblo, imperturbable ante cualquier penuria y peligro, e imbuido
de la sagrada convicción de que, al final, el Todopoderoso no abandonará a aquel
que en toda su vida no quiso otra cosa que salvar a su pueblo de un destino
que jamás ha merecido, ni por su número ni mucho menos por su importancia.
Por eso, en esta hora hago un llamamiento a todo el pueblo alemán, pero a la cabeza
a mis viejos compañeros de lucha y a todos los soldados, a armarse con un espíritu
de resistencia aún mayor y más duro, hasta que de nuevo, como ya hicimos una vez, a los muertos de esta colosal
lucha, podamos depositar la corona con la cinta sobre su tumba.
¡Y, sin embargo, vencisteis!
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Original transcript (German)
England wird nicht nur nicht in der Lage sein, den Bolshevismus zu betämen, sondern seine eigene Entwicklung wird zwangsläufig mehr und mehr im Sinne dieser auflösenden Krankheit verlaufen. Die Geister, die die Demokratien aus den Städten Asiens gerufen haben, werden sie selbst nicht mehr los.
All die kleinen europäischen Nationen, die im Vertrauen auf verlierte Zusicherung und Kapitulierten gehen ihrer völligen Ausrottung entgegen. Ob sie dieses Schicksal etwas früher oder später trifft, ist gemessen an seiner Unabhängbarkeit völlig belanglos. Es gibt ausdrücklich taktische Erwägungen, die die Kreml-Juden bewegen, um einem Mal
sofort brutal und im anderen Fall zunächst etwas zurückhaltender vorzugehen. Das Ende wird immer das Gleiche sein. Dieses Schicksal aber wird Deutschland niemals erleiden. Der Garant dafür ist der vor zwölf Jahren erfolgreiche Sieg im Inneren unseres Landes. Was immer auch unsere Gegner finden mögen, was immer diese Landschaften und vor allem
unsere Menschen an Leid zu bügeln, es war Flach gegenüber dem unkorrigierbaren Jammer und Unglück, das uns treffen müsste, wenn jeweils die plutokratisch-bolshevistische Verschwörung nie gebliebe. Es ist daher am zwölften Jahrestag der Machtübernahme erst recht notwendig, das Herz stärker zu machen als jemals zuvor und endlich den heiligen Entschluss zu erhärten, die Waffe zu führen,
ganz gleich wo und ganz gleich unter welchen Umständen sollen wir bis am Ende des Sieges unsere Angst über uns trönen. Ich werde daher auch in den kommenden Jahren diesen Weg kompromissloser Vertretung der Interessen meines Volkes weiter wandern, unbeirrt um jede Not und jede Gefahr und durchdrungen von der heiligen Überzeugung, dass am Ende der Allmächtige den nicht verlassen wird,
der in seinem ganzen Leben nichts anderes wollte als sein Volk vor einem Schicksal zu retten, das es weder seiner Zahl noch gar seiner Bedeutung nach jemals verdient hat. Ich appelliere in dieser Stunde deshalb an das ganze deutsche Volk, an der Spitze aber an meine alten Mitkämpfer und an alle Soldaten, sich mit einem noch größeren, härteren Geist des Widerstandes zu wappnen, bis wir wieder wie schon einmal den Toten dieses gewaltigen
Ringens, den Kranz mit der Schleife auf das Grab legen dürfen. Und ihr habt doch gesiegt!