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Investigation of the Katyn Massacre

Muy al este, en suelo europeo, el Dniéper atraviesa

el país devastado por la guerra. Prados y bosques parecen volver a adormecerse en

paz.

Pero es espantoso lo que oculta esta tierra.

Donde el bosque cae abruptamente hacia el río, se alzan en la cima varias

edificaciones. La extensión y el tamaño de sus instalaciones revelan

que se trata

no de cabañas de campesinos.

Aquí, los verdugos de la GPU celebraron orgías salvajes con mujeres

reunidas a la fuerza.

Junto a estos burdeles, por caminos forestales arenosos, discurre el acceso al

bosquecillo de Katyn.

Sencillos campesinos de la zona, mediante sus denuncias, motivaron las excavaciones

de las autoridades militares alemanas. Ahora se amontonan aquí montículos amarillos

de arena y bajo abedules y pinos recién plantados, cuidadosamente

enterrados, se encontraron numerosas fosas llenas de cadáveres.

Aquí exhalaron su último aliento más de doce mil oficiales polacos.

En varias fosas de dieciséis por veinte metros se encontraron los

cadáveres dispuestos en doce capas.

Bastan unas pocas paladas y ya se hacen visibles, apiladas unas sobre otras

como fardos de tela, las botas de soldados muertos visibles.

Entonces se dejan al descubierto cuerpos y cabezas horriblemente desfigurados.

En las tráqueas de los cadáveres se detectó arena en muchos casos.

Indicio de que estas personas fueron enterradas

vivas.

Por restos de uniformes, hombreras y correajes, la posteridad reconoce

de quién se trata: oficiales asesinados.

Son miembros de todos los rangos del antiguo Ejército polaco.

La población polaca los daba por desaparecidos desde hacía años.

A las preguntas sobre su paradero, Stalin había informado oficialmente

que esos oficiales se habían convertido en ciudadanos soviéticos.

Ahora se descubre a estos supuestos ciudadanos soviéticos en fosas de veinte metros de largo,

apilados unos sobre otros.

Faltan todos los objetos de valor de los muertos.

No se encuentran relojes de bolsillo, ni alianzas de oro entre

sus pertenencias.

Pero estos objetos no tenían valor alguno para los verdugos de la GPU.

Documentos de identidad y fotografías de mujeres y niños.

Son los documentos con los que ahora se puede identificar a los asesinados

uno

por uno.

Estas vívidas imágenes en poder de los muertos solo se pueden

contemplar con conmoción.

Ahí yace el general Smorawiński, aquí, miembros del

servicio médico, allí, un capellán militar y a su lado

cientos

de oficiales.

Durante las autopsias de los cadáveres se determinó que la muerte se debió a

disparos en la nuca.

Comisiones de todos los países europeos, médicos forenses,

científicos de Bulgaria, Dinamarca, Italia, de

Suiza, Hungría y representantes de la Cruz Roja de

Ginebra estuvieron

presentes en las exhumaciones e identificaciones.

Constataron que doce mil oficiales polacos

fueron

asesinados en la primavera de 1940, durante la fría estación por la

GPU y enterrados en el bosque de Katyn para

borrar todo rastro de este horrendo crimen contra europeos.

Menschen zu verwischen.

El ex primer ministro polaco, profesor Kozlowski,

que pertenecía a una delegación, declaró: Como polaco se encontraba

conmocionado ante la sangre de sus antiguos camaradas.

Como seres humanos, habría que desesperar y reconocer,

qué terribles consecuencias la barbarie del terror bolchevique para cada pueblo

ha tenido.

Numerosos representantes de toda la prensa europea se pronunciaron sobre el

horripilante hallazgo.

Los familiares del antiguo Ejército polaco que llegaron a Katyn contemplan con

mirada horrorizada las tumbas y las filas de muertos.

Ven horrorizados, cómo sus camaradas, que en 1939

se entregaron voluntariamente a manos de los gobernantes bolcheviques,

después fueron

liquidados por los verdugos de Stalin.

El número de oficiales asesinados aquí por los bolcheviques es once veces

mayor que el de los caídos en la guerra.

Entonces fue un combate abierto, hombre contra hombre,

aquí, una matanza de indefensos.

El campesino Kislow, de setenta y dos años, y otros habitantes de la

zona han informado sobre el secreto de Katyn y un

horror se apoderó de los miembros de la delegación neutral que oyeron estas declaraciones.

hörten. Durch diesen medizinischen

se determinó la culpa de sangre

de los soviéticos.

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Original transcript (German)

Weit ab im Osten der europäischen Erde durchzieht der Dnjepr vom Kriege durchtobt das Land. Wiesen und Wälder scheinen wohl wieder im Frieden zu dämmern. Aber grauenvoll ist, was diese Erde verbirgt. Wo der Wald steil zum Fluss abfällt, erheben sich auf der Höhe mehrere

Gebäude. Ausmaß und Größe ihrer Anlagen verraten, dass es sich hier nicht um Bauernkartten handelt. Hier haben die Henker der GPU wilde Orgien mit zusammengetriebenen Frauen gefeiert.

Neben diesen Freudenhäusern führt über sandige Waldwege die Zufahrt zum Wäldchen von Katyn. Schlichte Bauern der Gegend gaben durch ihre Meldungen Anlass zum Nachgraben der deutschen Militärbehörden. Nun türmen sich hier gelbe Sandhaufen und unter jung angepflanzten Birken und Föhren, sorgsam

verscharrt, fand man zahlreiche Gruben voll Leichen. Hier hauchten über zwölftausend polnische Offiziere ihr Leben aus. In mehreren Gruben von sechzehn mal zwanzig Metern wurden die Leichen in zwölfer Lagen aufgefunden. Wenige Spatenstiche genügen und schon werden übereinander gestapelt

wie Tuchballen die Stiefel toter Soldaten sichtbar. Dann werden grauenvoll entstellte Körper und Köpfe freigelegt. In den Luftröhren der Leichen stellte man vielfach Sand fest. Ein Anzeichen dafür, dass diese Menschen lebendig begraben wurden.

An Uniformstücken, Schulterklappen, Koppelzeug erkennt die Nachwelt, um wen es sich handelt: ermordete Offiziere. Es sind Angehörige aller Dienstgrade der ehemaligen polnischen Armee. Sie wurden seit Jahren von der polnischen Bevölkerung vermisst. Auf Fragen nach ihrem Verbleib hatte Stalin offiziell mitgeteilt,

diese Offiziere seien Sowjetbürger geworden. Nun findet man diese angeblichen Sowjetbürger in zwanzig Meter langen Gruben übereinander gestapelt wieder. Alle Wertsachen der Toten fehlen. Keine Taschenuhren, keine goldenen Eheringe finden sich bei

ihnen. Aber diese Gegenstände waren für die Henker der GPU wertlos. Personalpapiere und Fotografien von Frauen und Kindern. Es sind die Unterlagen, nach denen die Ermordeten nun Mann für Mann identifiziert

werden. Man kann diese lebensvollen Bilder im Besitz der Toten nur mit Erschütterung ansehen. Da liegt General Smorawiński, hier Angehörige des Sanitätsdienstes, dort ein Feldgeistlicher und daneben

Hunderte von Offizieren. Bei den Obduktionen der Leichen wurde festgestellt, dass der Tod auf Genickschüsse zurückzuführen ist. Kommissionen aus allen europäischen Ländern, Gerichtsmediziner,

Wissenschaftler aus Bulgarien, Dänemark, Italien, der Schweiz, Ungarn und Vertreter des Roten Kreuzes in Genf waren bei den Ausgrabungen und Identifizierungen zugegen. Sie stellten fest, dass hier zwölftausend polnische Offiziere

im Frühjahr 1940 während der kalten Jahreszeit von der GPU ermordet und im Walde von Katyn verscharrt wurden, um jede Spur von diesem grauenvollen Verbrechen an europäischen Menschen zu verwischen.

Der ehemalige polnische Ministerpräsident Professor Kozlowski, der einer Delegation angehörte, erklärte: Als Pole stehe er erschüttert vor dem Blute seiner ehemaligen Kameraden. Als Mensch müsste man verzweifeln und feststellen, welch furchtbare Folge die Barbarei des bolschewistischen Terrors für jedes Volk

habe. Zahlreiche Vertreter der gesamten europäischen Presse nahmen Stellung zu dem grausigen Fund. Angehörige der ehemaligen polnischen Armee, die nach Katyn kamen, sehen mit schreckerfülltem Blick in die Gräber und auf die Reihen der Toten.

Sie sehen mit Entsetzen, wie ihre Kameraden, die sich 1939 aus freien Stücken in die Hand der bolschewistischen Machthaber gaben, danach von Stalins Henkern liquidiert worden sind. Die Zahl der hier von den Bolschewisten ermordeten Offiziere ist elf Mal so

groß wie die der im Kriege Gefallenen. Damals war es ein offener Kampf, Mann gegen Mann, hier ein Hinschlachten Wehrloser. Der zweiundsiebzigjährige Bauer Kislow und andere Einwohner der Umgebung haben Auskunft über das Geheimnis von Katyn und ein

Grauen packte die Angehörigen der neutralen Delegation, die diese Aussagen hörten. Durch diesen medizinischen Sachverständigen wurde die Blutschuld der Sowjets festgestellt.

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