Rescue of a Struggling Lioness
Esta leona está a un paso de la muerte.
Tiene un hueso fuertemente atorado en la mandíbula superior.
No puede ni echarse un trago de agua.
Y lo peor de todo es que, a estas alturas, ya lleva casi medio mes
sin probar bocado. Si no le sacan ese hueso a tiempo,
lo único que le
espera es la muerte. Pero la patrullera de animales, Ana,
no tardó
en darse cuenta de que algo andaba mal.
Sacó su rifle de dardos tranquilizantes y le dio un tiro directo en las
ancas a la leona. En cuestión de segundos, la leona perdió el conocimiento.
Para no jugársela y garantizar su seguridad, Ana la picó tantito con su
rifle para checarla. Al ver que la leona ya no era un peligro,
Ana puso manos a la obra con la cirugía bucal.
La vemos golpeando repetidamente con una herramienta y de volada logró
sacar ese hueso que apestaba a rayos.
Como se puede ver en la imagen, el hueso ya estaba todo negro por encima,
lo que prueba que llevaba atorado muchísimo tiempo en el hocico de la leona.
Menos mal que Ana la encontró a tiempo, porque de lo contrario, esta
leona se habría consumido de puro sufrimiento.
Aunque ya le quitaron el hueso, pasar tanto tiempo sin comer ni
beber dejó a la leona superdébil y amolada.
Hasta que no despierte por completo, Ana y su equipo tienen que hacerle guardia
o las hienas podrían aprovechar para atacarla a traición.
Al día siguiente, Ana se lanzó de volada a checarla.
Estaba muerta de preocupación, porque lo normal sería que la leona ya
hubiera despertado, pero a estas alturas seguía sin dar
señales de vida. Con la salida del sol, el calor de la sabana africana
llegó a su punto más bravo y la leona seguía sin despertar.
Apenas y se le notaba el pulso al respirar.
Al ver esta escena, Ana supo que no podía perder más tiempo.
Jugándose el pellejo, le dio de tomar agua con sus propias
manos, sin
importarle un comino su propia vida.
Y la verdad es que este método funcionó de maravilla.
En cuanto el agüita le entró al hocico, la leona por fin reaccionó.
Para que la leona estuviera más a gusto, Ana improvisó con una
sábana, una especie de carpa, para hacerle sombrita a la leona.
Como el sol pegaba cada vez más fuerte, Ana y sus compañeros movieron a la
leona a un lugar mucho más fresco. Además, Ana le echó agua
fresca en la cabeza para evitar un golpe de calor que empeorara las
cosas. Gracias a los buenos cuidados de Ana,
la leona
empezó a mejorar muchísimo. Ahora ya puede tomar agua solita e
incluso ponerse de pie, aunque todavía anda medio temblorosa y
falta
de coordinación. Pronto cayó la noche y a estas alturas ya
habían pasado veinticuatro horas desde la anestesia.
Bajo la mirada atenta de Ana, la leona por fin logró levantarse
lentamente. Empezó a caminar tambaleándose,
todavía sintiéndose un
poco débil. Media hora después, la leona se alejó rumbo a la sabana,
pero Ana no se quedó tranquila, así que la siguió de lejitos.
Sin embargo, cuando descubrió que la leona solo iba a
buscar un charco
para tomar agua, a Ana por fin le volvió el alma al cuerpo.
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