Lula y Brasil: radicalidad, redes sociales y militancia
Ni Trump, ni Elon Musk, ni Meta, ni el Pentágono, ni la CIA, ni la red de
intoxicación digital, ni los algoritmos de los tecnoligarcas,
ni todo el aparato
económico, ni la infraestructura del poder
internacional de los Estados Unidos ha
podido arrebatarnos la noticia de hoy. Brasil es soberano.
Lula da Silva gana por cuarta vez la presidencia en una remontada histórica
contra
el ultraderechista apoyado por el imperio.
Latinoamérica respira hoy un poco más tranquila gracias a ese oxígeno soberano
que
nos da el sesenta por ciento de la selva amazónica situada
precisamente en este país del sur. Gracias, Brasil.
Brasil se convierte en este momento en el escudo verde de América del Sur, que
junto con Uruguay son los únicos dos países que no han caído en las urnas, en
las manos de la ultraderecha. Pero cuidado,
si algo sabemos los pueblos del sur, y
lo sabe bien Lula, es que el poder no acepta las derrotas.
Flavio Bolsonaro ha gritado ya fraude, cuando es evidente que hubo un intento,
pero
para beneficiarlo a él. No solo ayer, cuando miles de votantes se vieron
perjudicados porque el transporte público no los llevaba a sus centros de votación,
sino durante toda la campaña, donde Bolsonaro gozó del apoyo de
estructuras de
poder que hoy capilarizan tremendamente en la sociedad y eso le permitió ganar la
primera vuelta. Pero como diría mi abuela, cuando todo parece insuperable, siempre
aparece alguien. Siempre aparece tu vecino,
siempre aparece la gente, siempre
aparece el pueblo. Y eso ha pasado en Brasil.
¿Qué podemos aprender de Brasil? Tres cosas claves. La primera,
radicalidad.
Lula da Silva no gana las elecciones por un discurso de consenso, de centro o
conciliador con los oponentes. Y esto es clave.
Durante demasiado tiempo nos han pedido a las izquierdas apelar al supuesto centro,
mientras la ultra-ultraderecha nos apuntaban con cañones de radicalidad.
Lula muestra que el camino es justo ese, radicalizar el mensaje.
Si nos llaman comunistas despectivamente, mostrar nuestro orgullo comunista.
Si nos desprecian por ser trabajadores clasistamente, mostrar nuestro orgullo de
clase trabajadora. Si nos llaman rojos peyorativamente,
hacer del rojo nuestra
bandera más llamativa y distintiva.
Al fascismo no se le discute con argumentos, se le destruye, como hizo Lula
durante esta segunda vuelta y especialmente en los debates
presidenciales.
Escuchen, izquierdas, dejen las tibiezas y los complejos.
Esta partida se gana a la ofensiva. Quien se defiende, pierde.
Segundo, redes sociales. Los nuevos códigos de época nos señalan el
camino.
Las ágoras de politización popular no están ya en las calles únicamente, sino en
las redes sociales también. No es excluyente.
Las redes son la vida real y crean también el músculo popular que luego ocupa las
calles. Necesitamos ocupar las redes sociales y
hacerlo con la realida-radicalidad
política de época. Si el algoritmo potencia los discursos
antisonantes, la
izquierda tiene mucho ruido que hacer, mucho volumen que subir y muchos
argumentos que desde esa potencia disputan con el algoritmo al romperlo.
Si la ultraderecha ha aprendido a hacerlo, necesitamos nosotros también aprender la
lección. El ejército digital de Lula ha sido
definitivo, un ejército que
tenía claro el mensaje diario y la vía para distribuirlo por grupos de WhatsApp,
vídeos de TikTok, colaboración con voces masificadas y
cuentas menores que
reproducían y hacían vivir cada publicación por Lula.
No se desocupa el espacio creyendo que lo importante es quitarle un usuario más a
Elon Musk en X, señores de la izquierda.
Se revienta desde dentro el algoritmo porque ese espacio es fundamental.
El lenguaje de las redes es clave y también ahí quien se defiende, pierde.
Juguemos a la ofensiva. Y tercero, militancia.
No necesariamente una militancia partidaria.
Lo que muestra Brasil es que en tiempos de golpe antidemocrático imperialista es
más importante que nunca que la gente esté movilizada.
Pero eso se logra movilizando radicalmente a cada persona.
Mostrar un horizonte de posibilidad, pero tejer a la vez las redes comunitarias
y
barriales. Es la gente la que ha votado, la que se ha subido a canoas para llegar a
sus centros de votación, la que se ha desplazado casa a casa a
llamar voto a voto
por su futuro y su soberanía. El algoritmo nunca podrá vo-- vencer al
poder popular que estamos viendo movilizarse en todo el mundo y que ayer en
Brasil
nos dio la gran noticia de esta mañana.
Necesitamos militar en la política, esto excede a los partidos.
Hablo de militar en nuestra causa, en nuestro futuro, en nuestra
vida. Politizar la vida es militar activamente
en una causa:
nuestra soberanía. Brasil, nuestro escudo verde contra el golpe de
estado
regional que estamos sufriendo en América Latina, tiene ahora un reto muy
importante para el cual no podemos dejarlo solo.
La contienda no ha acabado, acaba de empezar el papel democrático de
fiscalización y apoyo del presidente elegido por cuarta vez.
Porque ahora empezará una operación que Lula conoce bien.
Lula ha vivido ya esa venganza del poder sufriendo injustamente más de quinientos
días en una cárcel, lawfare. Y lo que se viene será muy difícil.
En Brasil veremos el repertorio ultraderechista que conocemos bien,
lawfare,
operaciones mediáticas y judiciales, acoso político, señalamiento, amenazas
a su vida y obstrucción institucional.
Lula tendrá que gobernar con una cámara de diputados de mayoría ultraderechista y
con un senado cuya bancada mayoritaria es la de los bolsonaristas.
Y para frenar esta ultraderecha que nunca acepta sus derrotas y hoy cuenta con el
apoyo internacional de Casa Blanca y Tel Aviv, necesitamos tener claro que la
democracia no es solo votar, es acompañar, sostener, proteger y luchar por
la defensa de nuestro voto, de nuestro territorio y de nuestra vida.
Y por eso llega el momento de sostener a Lula.
Nunca se le suelte el brazo a un presidente que enfrenta al poder
imperialista.
Y esta es labor de toda nuestra región, no solo de nuestros hermanos brasileños.
América Latina está en pie por su soberanía y estamos juntos en esta
batalla.
Pero esta mañana celebramos por nuestro escudo contra un golpe regional sostenido.
Miramos a Brasil y aprendemos, pero sobre todo nos esperanzamos
nuevamente en la
capacidad que tenemos en el sur global, no de resistir, sino de vencer a todas las
adversidades, porque resistir es vencer, como nos enseña Brasil.
Como dice Chico Buarque, desde su corazón artístico siempre rojo y
a la izquierda:
"Você que inventou as tristezas, ora tenha a fineza de desinventar.
Você vai pagar em dobrado cada lágrima rolada nesse meu penar.
A pesar de você, amanhã há de ser outro dia".
Mañana es hoy. Gracias por esto, Brasil.
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