Claudia admite que quiso despedir a Paula por motivos personales
Claudia.
Hola, doña Marta.
¿Tienes un momento?
Eh, sí, claro, por supuesto.
Aunque si va a preguntarme por lo de Paula...
no voy a prescindir de ella.
¿No vas a despedirla?
No, no, no puedo hacer eso.
Pero bueno, tenías tus razones.
Ya.
La verdad es que no fui del todo sincera con usted, doña Marta, cuando le dije que
Paula no se estaba adaptando a la tienda.
¿Y no es así?
No.
Es mejor que dejemos las cosas tal y como están.
Lo que creo es que buscabas una justificación para poder despedirla sin,
sin tener remordimientos.
Andrés me lo ha contado todo.
Lo siento muchísimo, doña Marta. Tendría que haber sido yo la que se lo
contara,
pero, pero la verdad que no sabía cómo afrontar
el problema.
Entiendo que tu posición no es nada fácil en todo esto.
Madre mía, debe pensar
que soy una mala encargada y que quería despedir a una compañera por motivos
personales cuando no había ningún motivo profesional.
Claudia,
en esta historia se nos mezcla lo personal con lo profesional. Te entiendo.
No hay una solución buena, doña Marta.
Pero tú no estás cómoda en la tienda. Y eso no puede ser.
Ya sabe que Carmen es mi mejor amiga.
Y yo la quiero mucho.
Y Tasio es mi hermano.
¿Y usted qué piensa de
todo esto?
Tú eres la jefa.
Ya, pero ¿no, no, no me va a decir ni siquiera su opinión?
Ya te la dije ayer.
Claudia, tú eres la encargada.
Cobras más que tus compañeras, no solo por asumir responsabilidades, sino
porque eso conlleva también tomar
decisiones incómodas.
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