Spiritual Reflection on Time and God
Queridos hermanos, un día todos los que estamos aquí también
vamos a morir.
Y de nuestro hogar.
Ese, esa marca que siempre debe estar presente,
pues es la
de Dios.
A veces nuestra vida, pues tornamos en, en cosas
materiales, en cosas pasajeras, pero no damos
el justo valor a lo que es de Dios.
Está bien las cosas materiales, pues eh, los
impuestos, las cosas que nos presenta el Gobierno.
Pues eh, en el tiempo de los romanos también
presentaban el
tributo y pagaban sus intereses.
Pero
eso les dice Jesucristo. Pues
las cosas materiales, pues su justo valor,
pero lo que es de Dios, sale a Dios.
¿Cuánto tiempo estamos dando a Dios?
A veces,
cómo utilizamos nuestro tiempo. A veces lo, lo gastamos
en, en cosas. A veces nuestra vida está
entretenida en el celular, en, en, en las
diferentes, eh,
eh, cosas que nos presentan, pero a veces
ni en el día nos acordamos del Señor como tanto como ver el
celular, a ver qué, qué está pasando, qué está sucediendo.
A veces nos pasamos horas, pasa y pasa las, las
páginas, eh, desperdiciando ahí en,
en series, en películas, en tantas cosas.
Y a veces ese tiempo, a veces el tiempo de
Dios, pues un momentito,
una... en la mañana, en la noche. ¿Cuándo le rezamos al
Señor? A veces nos olvidamos, a veces nuestra vida
transcurre en todas las actividades, pero menos las
cosas que son realmente importantes.
Y lo importante es siempre el Señor.
Él debe estar primero, él debe estar en ese justo
encuentro y debe estar justamente en ese
tiempo, en el espacio que nosotros le damos al
Señor.
Queridos hermanos, un día todos los que estamos aquí también
vamos a morir.
Y
a veces el tiempo que hemos utilizado, a veces en, en cosas
no tiene tanto sentido como el tiempo que lo utilizamos en
Dios. En ese tiempo que damos de calidad a
Dios, a nuestros hermanos, al esposo, a la esposa, a los
hijos, a la familia. Ese tiempo es el mejor
gastado. Queridos hermanos, por eso dice el Señor:
"Lo que es de César, a César, lo que es de Dios, de Dios".
Que Dios le demos ese tiempo, ese espacio
y que esté siempre presente en cada momento de nuestra vida.
Que Dios nos acompañe, que Dios nos ayude a lo largo de esta
semana y que bendiga todas nuestras actividades.
Que así sea, queridos hermanos, nos ponemos de pie y vamos a hacer todos
juntos nuestra profesión de fe en el número siete.
En la hojita tenemos el credo, vamos a decirle todos: Creo en
Dios.
Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único hijo,
nuestro Señor, que fue concebido pro y gracia del
Espíritu
Santo. Nació de Santa María Virgen.
Padeció bajo el poder de Poncio Pilato.
Fue crucificado, muerto y sepultado. Descendió a los infiernos.
Al tercer día resucitó entre los muertos.
Subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre
todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar vivos y
muertos.
Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, en la
comunión de los santos, en el perdón de los pecados,
en la resurrección
de la carne y de la vida eterna. Amén.
Oremos al Señor nuestro Dios, de quien procede toda
autoridad. Digamos: Escucha, Señor, nuestra oración.
Escucha, Señor, nuestra oración.
Por la Iglesia, comunidad de creyentes en Cristo, para que
procurando su libertad e independencia de todo poder político y
económico, sea signo de la justa libertad que Dios
quiere para todos. Roguemos al Señor.
Escucha, Señor, nuestra oración.
Por los gobernantes de todas las naciones, para que promoviendo una
auténtica libertad religiosa, respeten la misión de la
Iglesia de anunciar el Evangelio. Roguemos al Señor.
Escucha, Señor, nuestra oración.
Por las necesidades de todos los hombres, para que el Señor las
remedie con su misericordia. Roguemos al Señor.
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