Elderly Woman Fights Eviction Battle
La de Mari Carmen, unos ojos que llevan despertándose en esta
casa setenta y un años.
Que es mi casa. Es mi casa, es mi vida, son mis recuerdos,
aquí han muerto mi papá y mi mamá, y era donde yo esperaba llegar al final
de mis días.
Y también es la mirada...
Cuando recibí el desahucio,
me quedé en shock
De una mujer que no se rinde
Reaccioné
y entonces lo que pensé es que hay que seguir pa' adelante, hay que luchar.
Yo no me voy a ir fácilmente de mi casa.
A pesar de que hoy es el cuarto intento de desahucio.
En 2018, la empresa que se convirtió en propietaria
del edificio
trató de aumentar su alquiler un doscientos setenta y cinco por
ciento. Ella pagaba la renta antigua de su padre
de cuatrocientos
ochenta euros.
Una subida de dos mil seiscientos cincuenta, que era los alquileres, pero
haciéndome un beneplácito precio de alguna manera, me lo dejaban en mil
seiscientos cincuenta.
Pero con su pensión de poco más de mil cuatrocientos, no,
no salen las cuentas.
De la huir
de nuestros barrios.
La hemos visto salir a la calle cada vez que se ha enfrentado al desahucio.
Mari Carmen, no estás sola.
Rodeada de sus vecinos que no quieren que se vaya.
De nuevo el barrio vuelve a gritar y ella a alzar su voz.
Yo he vivido aquí setenta y un años y yo no me quiero ir.
Lo que está claro es que esta gente por dinero hace lo que sea.
Sin muebles y sin alcobas.
Y con esa angustia tiene que lidiar a sus ochenta y siete años,
con la incertidumbre de no saber si podrá mañana volver a
desayunar en su casa.
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