El Salvador's Political and Social Transformation
No rendimos cuentas a la comunidad internacional.
No nos doblegamos ni ante los países que nos quieren decir
cómo debemos resolver nuestros problemas cuando ellos ni siquiera pueden
resolver los de ellos. En El Salvador hicimos lo
que ningún país de Latinoamérica pudo hacer, ni siquiera
algunas potencias del continente.
Cambiamos el viejo sistema político y le arrebatamos a los
delincuentes el control del Estado.
Pero quizá nuestro principal logro no sea la seguridad,
sino haber alcanzado realmente la capacidad de
reinventarnos. Desde el principio tuvimos el liderazgo,
la
visión, la valentía, la determinación, pero nos hacían falta las
condiciones. Las fuimos consiguiendo poco a poco.
Al inicio con la presidencia, luego gobernamos a pesar de los
obstáculos
y finalmente con el triunfo de esta asamblea, que con eso se logró,
además, no solo la gobernabilidad, sino también la depuración del
sistema judicial y del Ministerio Público.
Sin esas cosas hubiera sido imposible
luchar la guerra contra las pandillas.
El Salvador es un país pequeño
que no tiene los recursos de las grandes potencias mundiales,
pero aun así hemos ido arreglando lo que estaba
mal y cada vez somos más conscientes de que otra
forma de vivir sí es posible. Para un país como el nuestro,
que estaba al
borde del colapso por la violencia, reinventarse
no solo era una necesidad, sino que era vital.
Hoy podemos decirlo sin que suene exagerado.
Ya no somos los mismos. Al fin, los salvadoreños
ya pueden pensar en otra cosa que no sea evitar que los maten.
Ya podemos aspirar a más.
El Salvador es otro país. Ahora de verdad es
nuestro. Ahora los comerciantes pueden pensar en
cómo
vender más, cómo mejorar sus servicios, cómo abrir nuevas sucursales.
Ya no están pensando en cómo pagar la extorsión a fin de mes o que los maten por
no
pagarla.
Los jóvenes pueden pensar en un futuro diferente en lugar de
ser únicamente reclutados o asesinados por las
pandillas
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