Reflections on Empire and Home
Puedes ponerle una espada en la mano,
pero no un destino en el corazón.
El peor miedo de un emperador no es perder una guerra,
es descubrir que si abre las puertas, nadie elige
quedarse.
Las cadenas detienen los pasos, nunca los
sueños. Un imperio puede retener a un hombre,
solo un hogar hace que quiera quedarse.
Y al final de todas sus batallas, siempre estuvo el
mismo lugar: un campo de trigo, una
puerta abierta, una familia esperando.
Hay campos que no se conquistan,
se vuelven a sembrar. Y esta vez, cuando
llegue la cosecha, quizá no volvamos solos.
Algunos hombres todavía buscan su libertad y algunas
tierras todavía esperan su revancha.
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