Fina defiende a Claudia tras una discusión con Bianca sobre su futuro
Hola. Hola, hola.
Uy, Bianca, qué sorpresa verte por aquí.
¿Qué tal, Flaquita? No te quiero interrumpir, ¿eh?
Mhm.
Pero te quería avisar que doy con Lombardo.
Abrieron una galería de arte nueva acá en el, la judería.
Mmm.
Y quedamos en vernos antes de comer. ¿Te puedes escapar?
Es tentador,
pero tengo muchísimo trabajo aquí. ¿Por la tarde no podría ser?
No, mi morza, no. Se vuelve a Madrid.
De hecho, tiene una entrevista con un artista ya.
Ah, pues qué pena.
Mmm.
Bueno, nada, no te preocupes. Otra vez será.
Ay, Fina. No sé. Perdón, ¿eh? Pero ¿vos no, no te das cuenta
que te están explotando acá? ¿Por qué no mandas todo eso a la porra?
¿Por qué no te centras en tu arte?
Pues porque mi arte ya se verá en tu exposición, Bianca.
Y esto me permite pagar el alquiler.
Bueno, ese problema no tendrías en Argentina,
porque en Buenos Aires tenés tu casa.
Bianca, quedamos en que dejaríamos este tema para
después de la exposición,
¿o no?
Cierto. Perdón, perdón. No te quiero presionar.
Che, escuchame, te llamé anoche a tu departamento,
pero no te encontré para ver si
te podías organizar con lo de Lombardo.
Ah, no, es que me quedé por aquí hasta muy tarde
con Claudia.
Ah,
qué bueno. ¿Qué hicieron?
No, nada, nada especial. Estuvimos charlando,
recordando.
Vi claramente qué es lo que me une a este sitio:
el recuerdo y el amor de mi padre, desde luego, pero mis amigas.
Quizá a ti te parece una tontería, pero creo que precisamente por eso yo no
veo
este trabajo como una pérdida de tiempo.
Mmm.
Y Claudia, bueno, a Claudia ya la conociste.
Sí.
Es verdad que al principio puede parecer inocente, pero-
Es muy linda ella. Tiene una... Sí, es muy linda.
Pero... Sí, es verdad, me pareció eso.
Me pareció como que no tenía mucho mundo, no había vivido
mucho, no salió mucho.
Uy.
Digo, con respecto a vos, a todo lo que te pasó.
Bianca, Bianca, e-eh, perdóname, ¿eh? Pero te estás equivocando mucho.
¿Yo? ¿De qué? La acabas de llamar ingenua.
¿Yo?
Sí.
No, no, no, yo no--
no, yo no le he llamado ingenua. Yo he dicho que al principio puede parecer
inocente, pero de ingenua no he dicho nada.
Es que de hecho no me has dejado ni terminar.
Perdón, ingenua, inocente. Bueno, seguí. Perdón.
No.
Seguí.
Es que me duele mucho que hables así de una amiga mía a la que quiero muchísimo
y de la que tú no sabes nada.
Escúchame un poquito, porque me parece-
No, no, escu-escúchame tú a mí.
Claudia ha vivido cosas
tremendas y las ha superado todas.
Y jamás, jamás ha perdido la sonrisa.
Y para mí, solo por eso merece toda mi admiración,
aunque no sea tan...
¿Tan?
Tan sofisticada como tus amigas.
Pero ¿por qué me decís esto ahora?
Pues digo eso porque te conozco, Bianca. Sé perfectamente cómo piensas.
Y te voy a decir más. Claudia ha llegado muy lejos en su carrera
profesional sin
que nadie la empujara.
Así que para mí todo lo que venga de Claudia tiene un valor
incuestionable. Me duele, Bianca, me duele muchísimo que la desprecies con
tanta
facilidad,
sobre todo porque ella para ti solo ha tenido palabras bonitas.
¿Sabes qué me parece? Que estamos sacando todo esto de quicio.
No, no, no.
Sí, sí.
Las cosas no se están sacando de quicio.
Están en su sitio, perfectamente en su sitio.
Más que nunca, de hecho. Y ahora lo veo todo muy claro.
Es que muchas gracias, porque
esto me está ayudando a pensar sobre mi futuro.
Eh, perdón, o sea, pero, Fina, ¿por qué me decís todo esto ahora?
Tengo que irme al almacén a recoger material.
¿Podemos
hablar?
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