Critique of American Cultural Hegemony
Están despertando
When I was growing up, we were led to believe
that the United States were the
good guys, the heroes, that we had God on our side.
Now, as I sit here at 65 years of age and watch what's going on, I can
categorically say
we are not the good guys. We're, in fact, the bad guys.
We're not heroes. We're the villains.
Fact of the matter is there could be an argument made for us
being fucking
terrorists.
Eso no lo dice un activista, lo dice un estadounidense
medio y refleja algo mucho más profundo: la hegemonía
cultural de Estados Unidos está volando por los aires.
Durante décadas, Washington no solo invirtió en armas,
invirtió en
relato. Hollywood, la televisión global, las universidades, los
think tanks, la industria cultural, las ONG
alineadas con su política exterior.
Todo un ecosistema diseñado para instalar una idea simple en medio
planeta: Estados Unidos no solo era poderoso, era
moralmente superior, el defensor de la democracia que salvaba
al planeta
cuando todo se torcía. Pero Vietnam, Irak,
Afganistán, Guantánamo, Abu Ghraib.
Cada guerra fue dejando grietas en el mito.
Y entonces llegó Trump y le arrancó la máscara al demonio.
Lo que antes se justificaba con discursos sobre derechos humanos,
ahora se dice sin disimulo: petróleo, poder,
sanciones y bombardeos preventivos.
La hegemonía cultural de un imperio depende de algo muy frágil, que
incluso sus víctimas crean en su relato.
Pero hoy cada vez más gente empieza a ver lo evidente, que el
imperio no era el héroe de la película, sino el villano.
Y los imperios no caen solo cuando pierden guerras.
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