Elaboración tradicional de la pez: cata, cocción y reposo
Las catas sirven para conocer la evolución del proceso.
El pezquero extrae una muestra y aplica los criterios heredados de
sus mayores: el destello del trozo en el agua, mascarlo
como un chicle sin que se pegue a los dientes y romperlo o
troncharlo al estirar.
Cuando esté cocida, debe crujir. La debes coger,
y no se pega a la mano ni nada.
Y ahora se pega.
Poco a poco, entre humos y olores, la artesa se va llenando de
un fluido viscoso, de color pardo-nebruzco y olor
característico. En el momento en que toda la pez de la
cocedera llega a la artesa, los pezqueros retiran la canal que las
unía y tapan con barro el agujero para evitar que entre
agua en el cajón de madera. El trabajo ha terminado por el momento.
Se puede celebrar que la hornada ha sido un éxito y que el resultado ha
merecido el esfuerzo que refleja la artesa.
La pez deberá reposar durante cuarenta y ocho horas.
En ese tiempo, el líquido modifica su estado hasta
convertirse en un
sólido bloque opaco cuya estructura compacta y superficie lisa
lo asemejan al cristal. Será entonces el momento de
prepararlo para la venta.
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