Babi Yar Massacre Historical Overview
«Todos los judíos de la ciudad de Kiev y sus alrededores deben
aparecer el lunes 29 de septiembre de
1941 a las ocho a. m. en la
esquina de las calles Melnikova y Doktorskaya.
Aquel judío que no cumpla esta orden y sea encontrado en
este lugar, será ejecutado». Esta estremecedora
convocatoria inundó las plazas y calles de toda una ciudad
ucraniana y significó el comienzo de la poco
recordada masacre de Babi Yar, la primera
matanza en masa de judíos de la Segunda Guerra Mundial, en
donde más de treinta mil personas fueron asesinadas.
Es por eso que el 28 de septiembre empapelaron la ciudad con
panfletos en los que pedían la presencia de este grupo religioso en la plaza
de Kiev, desde donde los conducirían hacia los
barrancos de Babi Yar.
Los presentes asistieron al lugar pactado con la idea de que serían
deportados a un gueto en otra ciudad, pero no sabían que los
esperaba un cruel destino. «Nos juntaron aquí y
nos enviaron hacia el camino de la muerte», declaró Raisa
Maistrenko, sobreviviente de aquel día fatídico.
El operativo era dirigido por el general Kurt Eberhard,
junto con las fuerzas del Obergruppenführer y el Einsatzgruppe
C. Este último tenía la específica tarea de
matar
hebreos, gitanos y comisarios políticos.
En toda la guerra asesinaron cerca de un millón y medio de
personas.
Una vez en los barrancos, obligaban a estos individuos a dejar sus
maletas y objetos personales. Acto seguido, los separaban en grupos de
diez personas y los hacían moverse hasta las cercanías de los
precipicios. Mientras caminaban, los judíos comenzaban
a entender la pesadilla que les esperaba.
Durante el trayecto, a través de arboledas resecas y llanuras
de hierbas,
auxiliares ucranianos golpeaban sus cuerpos con garrotes.
La atemorizante banda sonora constaba de disparos de
ametralladora y un avión de la Fuerza Aérea Alemana se movía en
círculos a pocos centímetros de sus cabezas.
Al llegar a destino, la escena era verdaderamente
escalofriante. Frente a sus ojos podían observar una
ladera pedregosa ubicada a treinta metros de altura.
Pero cuando miraban hacia abajo, un sinfín de cadáveres y charcos de
sangre se clavaban en sus retinas.
Solo quedaba abrazarse con sus seres queridos y despedirse o
rezar por un milagro que difícilmente llegaría.
Una vez arribados, los obligaban a desnudarse y los
ejecutaban
impiadosamente hasta que sus cuerpos caían al vacío.
«Los golpes eran brutales. La sangre fluía
inmediatamente de las cabezas, partes posteriores y hombros, a la
izquierda y a la derecha. No se podía escapar o huir.
Los soldados gritaban: "¡Rápido, rápido!" y reían divertidos,
como si miraran un circo actuar», confesó un sobreviviente.
Este procedimiento duró dos días y murieron poco menos de treinta y
cuatro mil personas. Se estima que los casi veinte mil judíos
restantes que no se presentaron a esta masacre fueron asesinados días
después. Posteriormente, este mismo sitio fue el escenario de la
matanza de otros sesenta mil individuos, entre los que se
encontraban gitanos y comisarios políticos soviéticos.
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