Satirical Future Discussion on Spain
Hoy es un día especial porque tenemos con nosotros a un español del
futuro, del año 2050.
Hola, Silvia. Concretamente soy de Cuenca.
Vaya, pero yo pensaba que en el futuro habría
robots por las calles y
coches voladores.
No, gracias a vosotros, los españoles del pasado, no hay nada
de eso, solo un califato.
¿Pero cómo ha sido esto posible?
Cuando en Suecia e Inglaterra los musulmanes empezaron a decidir las
elecciones, no le disteis importancia.
En España ocurrió lo mismo. Pasamos de ser un país occidental a
ser un califato en solo siete pasos.
Deja que mi mujer segoviana te lo explique.
Hola, Silvia. El primer paso fue el fracaso de la
izquierda.
Como las recetas de la izquierda solo causaban miseria y decadencia en todos los
países que intentaban el socialismo y el comunismo, las clases medias y
los obreros dejaron de votarles. Así que hacía falta un nuevo cliente,
un nuevo comprador que comprara la mercancía averiada zurda.
Y llegamos al segundo paso: Marcuse.
En los años sesenta, un pensador de la Escuela de Fráncfort
aceptó que ya no
se podía contar con el obrero occidental como sujeto revolucionario,
así que había que encontrar nuevos oprimidos a los que vender su lucha de
clases tóxica: los inmigrantes, los gais, las mujeres.
¿Y cuál fue el tercer paso?
Importar inmigrantes en masa. Los zurdos trajeron votantes en
masa del extranjero para manipular las elecciones y los peperos
traidores estaban encantados porque así podían dar mano de obra barata
a los amos de la patronal.
Y aquí viene el cuarto paso: la compra de votos.
Pensar que el inmigrante medio tiene el más mínimo interés por la política
occidental y el futuro de Europa más allá de sus intereses
egoístas es ridículo. El musulmán vota islam,
punto. Votará a aquel partido que permita un
mayor avance de su
ideología retrógrada y bárbara, completamente incompatible con
Occidente. Y el inmigrante del resto de los países
vota al que le
dé más dinero, más paguitas, más casas, por dos razones.
Uno, España no le importa nada, no es su casa.
La inmensa mayoría chuparán todo lo que puedan hasta que todo reviente,
pues su interés personal es completamente superior a lo que les
interesa la supervivencia de España. Y dos, cuentan con un plan B.
Cuando todo reviente, tienen un hogar al que volver, su país,
o pueden
ir a parasitar otros.
Pero como los extranjeros tenían cada vez más peso en los resultados, la
izquierda española roja y el centroizquierda azul, en lugar de
proteger los intereses de España y los españoles, se dedicaron a quemar la
riqueza del país dedicándola a comprar votos de extranjeros.
Les daban cada vez más cosas gratis solo a cambio de un voto, aunque
supusiera la ruina del país. La democracia se convirtió en una subasta
donde
los nativos controlábamos cada vez menos nuestro futuro, mientras se nos obligaba
a pagar la farsa y la destrucción de nuestro país con cada vez más impuestos.
Al paso quinto lo llamáis «el triunfo de la islamoizquierda».
Eso es. Como la izquierda blanqueaba la barbarie
del islam y les daba
todo, los musulmanes votaban izquierda en masa,
decidiendo las
elecciones. La suma de vagos parásitos que querían
dinero gratis,
nacionalistas que querían destruir España, musulmanes proislam y
charos engañadas por un utopismo infantil hacía que la izquierda
ganara una vez tras otra las elecciones.
La antiEspaña se imponía una vez tras otra y el país estaba
cada vez más en la ruina.
Ya, ¿pero cómo se pasó de ahí al califato?
Fácil. En el paso sexto, los musulmanes se dieron cuenta de que
tenían cada
vez más población, más poder, y la izquierda era débil, así que
empezaron a crear sus propios partidos.
Y séptimo, llegaron al poder pactando con una
izquierda estúpida
que tenía más miedo de la derecha que de los verdaderos totalitarios fascistas
teocráticos. Y se acabó la democracia.
Ya nunca más se pudo votar.
¡Pero eso es horrible!
No te creas. Mi marido decide si trabajo o no,
se queda con los hijos en
caso de divorcio o puede pegarme si no hago lo que quiere.
Además, mi palabra vale la mitad que la de un
hombre en un juicio.
Pueden hacerme esclava sexual y recibo la mitad de herencia respecto a mi hermano,
entre muchísimas otras lindezas superenriquecedoras.
Pero al menos no tengo que aguantar los horribles micromachismos de los europeos
blancos.
¿Recuerdas cuando un camarero te puso a ti el zumo de melocotón y a mí la
cerveza, aunque la cerveza la habías pedido tú?
Uf, todavía siento escalofríos del miedo que
pasé.
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