Celebrating Dreams and Cultural Identity
Hay cosas en la vida que no tienen explicación.
El sueño gigante que comenzó en un cuarto pequeño
de un barrio en Vega Baja.
Las voces en mi cabeza que gritaban de emoción al comenzar una
de mis canciones
se hicieron realidad.
Hoy mis sueños no caben en esa habitación,
pero mi corazón sigue latiendo desde ahí.
Recuerdo que el verano en el que mami nos dio la noticia que nos íbamos de
viaje,
yo con diez añitos comencé a llorar
y le dije que no quería ir.
Le dije que yo nunca iba a salir de Puerto Rico,
que me iba a quedar aquí para siempre.
Ellos se rieron
y hoy yo también me río.
Pero adivinen qué.
Ese niño no mintió.
Ese niño le dio la vuelta al mundo,
desde México hasta Argentina,
desde Brasil hasta Australia, de Japón a
Madrid, de Francia hasta Alemania,
de Portugal a Bélgica.
Todo
sin despegar sus pies de Puerto Rico.
¿Que cómo lo hizo?
Se llevó a Puerto Rico con él,
se llevó a su tierra,
a su gente,
a su familia.
Se llevó su cultura,
se llevó su bandera
y la puso en lo más alto en cada una de las
ciudades que hizo vibrar
y bailar, y bailar, y bailar
a nuestro ritmo.
Conquistó los corazones del mundo y convirtió cada
rincón en un pedacito de Borinquen.
Ese niño cumplió su sueño.
Ese niño es de aquí.
Ese niño vuelve a casa
para celebrar una vez más
que nunca se fue.
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