Declining Birth Rates in Argentina
Nació menos gente en Argentina el año pasado que en cualquier momento de los
últimos setenta años. Y la explicación del gobierno es que las
mujeres tienen
demasiados derechos. Hay una serie, El cuento de la criada, que imagina una
sociedad donde la natalidad colapsa y el gobierno decide sobre los vientres de
las mujeres. ¿La solución? Sacarles la capacidad de decidir.
A las pocas que todavía pueden tener hijos, las esclavizan, las
asignan a familias de la élite, son víctimas de violaciones sistemáticas y
las obligan a concebir. La escritora Margaret Atwood,
que publicó el libro
en 1985, siempre dijo lo mismo: no inventó nada.
Todo lo que la serie nombra ya ocurrió en algún lugar del mundo.
La propia autora cuenta que su historia se inspiró en el robo de bebés y las
torturas en los centros clandestinos de detención durante la última dictadura
militar en Argentina. La ficción no imagina un monstruo nuevo,
describe
la misma lógica de siempre llevada hasta sus últimas consecuencias.
Cuando el poder no puede o no quiere resolver una crisis, busca un
cuerpo al que culpar. Y ese cuerpo es siempre el de las mujeres.
Acá en Argentina, la natalidad viene cayendo desde 2014.
Para 2024 nacieron un 47 % menos de bebés que hace
diez años. Esto es un fenómeno global.
Pasa en Chile, en Italia, en Corea del Sur.
Parte importante de esta caída acá es que bajó el embarazo adolescente.
Chicas de quince años que ya no tienen hijos sin haberlo planeado.
Eso para todos los especialistas es una buena noticia, pero para algunos
dirigentes es el problema. Milei dijo en mayo del año pasado frente
a la Cámara de Comercio de los Estados Unidos:
«Se les pasó la mano en atacar a la
familia, en atacar a las dos vidas y ahora lo
estamos pagando con caídas en la
tasa de natalidad». La ley del aborto se aprobó en 2020.
La caída empezó en 2014, seis años antes.
El argumento no aguanta ni el primer dato.
En Argentina todavía estamos a tiempo de poner el foco donde hay que ponerlo.
Por ejemplo, en que el 50 % de los hombres del país no
paga la
cuota alimentaria. La solución no puede ser que las mujeres
tengan hijos no
deseados y los críen solas. Y este argumento de una novela distópica
es lo
mismo que dice nuestro presidente.
El cuento de la criada no representa un futuro distante, es un espejo.
Muestra como ciertas lógicas, si se lo permitimos,
moldearían nuestra sociedad.
Y cuando la ficción y la realidad empiezan a tener el mismo razonamiento,
vale la pena prestar atención. En Popurrí estamos creando un partido
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