Colombia's Political Crisis and Leadership

El mundo se ha convertido en una ópera bufa que escenifica la caída neoliberal

con

tintes tragicómicos. Y Colombia es hoy el escenario principal

de esta obra

de realismo mágico poscapitalista, escenificado por el sionismo

global que está haciendo metástasis por todo el mundo.

El bufón principal de este capítulo colombiano es Abelardo de la Espriella,

recién elegido presidente del país, a quien veis lanzando pelotas de fútbol a

la

gente en mitad de una catástrofe nacional.

Exactamente como ya hiciera su amado rey Trump durante su primer mandato tras un

huracán que arrasó Puerto Rico lanzando rollos de papel higiénico a sus

vasallos, como si Colombia no estuviera todavía

buscando personas bajo los

escombros, como si su pueblo no necesitara comida,

agua,

cobijo o rescatistas. Y no, tristemente, no es un

fake.

Se cayeron, huevón, veintiséis colegios. ¡Veintiséis colegios!

El hospital está colapsado en salud.

¿Y cómo es posible que la gente reciba un hijueputa balón con un

logo que se gastaron más de mil millones de pesos mientras los niños se están

muriendo de hambre?

Pero esto no es todo. Después de este patético show

introductorio, hubo una

escena todavía más burda. Un grupo espera con los brazos levantados.

Llega el coche presidencial, el bufón fascista baja, hace su saludo

militar y entonces arrancan los aplausos y los vítores.

Cámara preparada, plano perfecto, actores en posición y baño de

masas conseguido. Es la política trumpista al estilo

colombiano:

ausencia total de gestión y mucho circo para las idiotizadas masas.

Porque durante las horas más importantes para encontrar supervivientes tras el

terremoto, el gobierno insistió en que Colombia tenía

capacidad suficiente y frenó

la llegada de equipos internacionales.

Tan solo permitió la entrada de personal de Estados Unidos, Israel,

Ecuador y El Salvador. Y estos no se dedicaron a rescatar

personas, sino a hacer propaganda e introducir

soldados en el país para

dominarlo desde las sombras del palacio, como la colonia estadounidense que ahora

son, con el virrey de la Espriella al mando de

la cesión total de

soberanía nacional al sionismo.

Los israelitas llegaron, pero ya se fueron y los tienen en

camioncitos grandes.

Nos encontramos en este momento en los escombros.

Este capítulo se representa con esta escena protagonizada por Ronny Kaplan,

portavoz de las Fuerzas de Defensa de Israel y criminal de guerra con cargos por

crímenes de lesa humanidad y genocidio.

Un experto en asesinar niños y enterrar familias enteras bajo los escombros en

Palestina llega a Colombia, se mete hasta la cintura entre escombros,

sin

guantes, sin una sola mancha en el traje, cinco días después del terremoto,

cuando ya no había posibilidad de salvar vidas, con la única y evidente intención

de hacer vídeos para redes sociales utilizando el desastre como plató para

blanquear sus crímenes de guerra.

Ellos están interrumpiendo el trabajo.

Acá todavía hay vida y están pasando la máquina como si,

como si fuéramos animales.

Mientras los verdaderos rescatistas tratan de salvar vidas, las nuevas autoridades

obedecen a los israelíes y lanzan excavadoras que terminan con la

posibilidad de

rescatar a posibles supervivientes.

Porque Colombia es ahora propiedad de Israel.

El nuevo presidente dio un giro radical a la política exterior del país para

alinearla con Trump y Netanyahu. Su gobierno restableció las

relaciones con Israel, acordó trasladar la embajada colombiana a

Jerusalén y

canceló el proyecto de representación diplomática en Palestina.

Incluso horas después del terremoto, Colombia reconoció oficialmente la

soberanía israelí sobre los altos del Golán, territorio sirio

ocupado por Israel desde 1967 y cuya

anexión no reconoce Naciones Unidas, porque el nuevo presidente de

Colombia no obedece al pueblo colombiano, sino a los intereses de

Israel. Y es tan evidente que duele.

Viva Colombia y viva Israel.

Colombia necesitaba una gestión de emergencia a la altura de la tragedia,

pero lo

que consiguió fue darse cuenta en tiempo récord de que eligieron al presidente más

improvisado, autoritario, inepto y vendido a intereses extranjeros

que ha tenido nunca. Colombia, acaba cuanto antes con esta ópera bufa

y recupera tu dignidad.

Abelardo, gorrea, el pueblo no copea.

Abelardo, gorrea, el pueblo no copea.

Abelardo, gorrea, el

pueblo

no copea.

End of transcript · 690 words

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