Analysis of Vinicius' Performance and Controversies
Ahora vamos con el más preciado de todos, Vinicius.
Desde el día que pisó el campo en España, ha sido perseguido por todos los
aficionados al fútbol. ¿Y Vinicius pa cuándo?
¿Y Vinicius pa cuándo?
¿Y Vinicius pa cuándo?
¿Y Vinicius pa cuándo?
¿Y Vinicius pa cuándo? Dentro del estadio, fuera del estadio, en Madrid,
fuera de Madrid, en España, fuera de España, en el campo,
fuera del campo, rivales,
compañeros, entrenadores y árbitros.
Este no es falta. Siempre que le pita el partido,
no pita falta para mí.
Siempre que le pito, no pita falta para mí.
Fíjense en esto, como capitán se acerca al árbitro para
hablar.
Una vez más, igual que nuestro Jude, lo hace con respeto.
Le damos mucha importancia al asunto y decimos que fue amonestado injustamente,
que
no hizo nada malo. Aunque ya hemos visto otros vídeos que
muestran a Vinicius
diciéndole al árbitro lo que debe hacer, obviamente, ignoramos esa parte y seguimos
actuando como si él fuera inocente, porque es inocente.
Igual que lo era cuando golpeó a Hugo Duro en la cara y fue expulsado.
Expulsión que de alguna manera logramos que se anulara, a pesar de haber cometido
un acto de conducta violenta. No puede ser culpa suya.
Igual que Vini era inocente cuando fue sorprendido dirigiéndose respetuosamente a
la madre de Munuera. Vinicius nunca puede ser el problema.
En el clásico que jugamos en la liga mugrienta en octubre de 2024 en el
Bernabéu, se vio a Vinicius pidiendo tarjetas
amarillas para los jugadores
del Barça en numerosas ocasiones.
El árbitro siguió la corriente, ya que los jugadores del Barça estaban
recibiendo
tarjetas amarillas. Pero luego, en el minuto ochenta,
Vinicius hace una falta
cínica sobre Pedri, aunque creemos que no lo fue,
y recibe una tarjeta amarilla de
Sánchez Martínez. Es la primera tarjeta amarilla para un
jugador del Madrid en
este partido. Vinicius se sorprende al recibir una
tarjeta amarilla y dice:
«Ahora me sacas una amarilla a mí».
Esto demuestra su devoción y concentración en el partido.
Su amor por el club es tan grande que no recuerda que ya es el minuto ochenta y que
tres jugadores del Barça ya han sido amonestados antes que él,
que su falta merecía
tarjeta amarilla y que el árbitro lo había perdonado varias veces.
Un minuto después, comete una falta tardía sobre Iñigo
Martínez e Iñaki Peña pide
tarjeta amarilla. Por una vez, Sánchez Martínez hizo algo bien,
aunque nos dejó
perder cero cuatro. El árbitro procede.
Tarjeta amarilla concedida con razón a Iñaki Peña por pedirla, algo que Vinicius
hizo tres veces sin recibir ninguna.
Iñaki Peña no lo olvidó y un año después lo dejó claro cuando le dio un cabezazo en
la espinilla a Vinicius en la jugada previa al gol del empate contra el Elche.
Otros lo llaman otra decisión a favor del penal de Madrid.
Nosotros lo llamamos karma. En esta ocasión,
vemos a Vinicius agarrar y derribar a
Frenkie como si fuera un luchador, dejándolo casi tan ciego como aquellos que
nos
creen. El árbitro, nuestro querido amigo Munuera Montero,
aquel del cartel de la
liga con Messi en el jardín de su casa, por lo que le atacamos ferozmente.
Pita inexplicablemente una falta en contra de nuestro ya exniño prodigio ahora
que Mbappé le ha quitado el puesto, Vinicius Junior.
No solo eso, sino que incluso le saca tarjeta amarilla.
Pensábamos que en nuestro estadio, esa edición limitada de una mega impresora
de HP
y clon del corte inglés, el imponente Bernabéu,
se nos permitiría todo.
Una pelea campal al estilo Fortnite Battle Royale.
Tal como demostraría más tarde Rüdiguer en la segunda parte al golpear a Frenkie,
sin motivo alguno y sin sufrir repercusiones.
Pero lo más sorprendente es la reacción deportiva de Vinicius ante esta grave
injusticia, que seguramente tuvo que ver con el
racismo.
A pesar de que Rüdiguer, quien golpearía a Frenkie en la segunda
parte sin
consecuencias, comparte el mismo color de piel.
Vinicius hace el gesto del pulgar hacia arriba al árbitro por la tarjeta amarilla
y
por suerte este entiende, por una vez, que dicho gesto es un cumplido sincero
y no un acto de sarcasmo, como habrían interpretado otros árbitros
con brasileños
que vestían la camiseta del Barcelona para lograr que se perdieran el clásico en el
Bernabéu y aun así terminar perdiendo a manos de-- no, a los pies de
nuestro dueño, Lionel Messi. Luego, Vinicius también se encara con el árbitro
y le pregunta amistosamente dónde ha conseguido su reloj, pero el árbitro
reacciona negativamente mientras los estereotipos racistas le pasan por la
cabeza.
La mirada de nuestro Benzema lo dice todo.
Está claramente orgulloso de Vinicius, como una madre mira a su recién nacido.
Tal como Benzema siempre ha apoyado a nuestro Vinicius,
mirándolo y hablando de él
como la luz de su vida futbolística.
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