Choque de un AVE y un tren de Iryo en Toledo: qué pasó
Un AVE ha embestido por detrás a un tren
parado en Toledo y han muerto al
menos sesenta y ocho personas. Y en España eso no
debería poder pasar.
Esta es la historia de los veintitrés minutos que acabaron en tragedia.
Son las ocho de la mañana
en la estación de Atocha, en Madrid.
Un AVE de Renfe sale hacia Sevilla
con casi cuatrocientos pasajeros.
Seis minutos antes ha
salido por la misma
vía un tren de Iryo con
ciento cuarenta y siete personas.
Los dos bajan hacia el sur, uno detrás del otro.
Y no chocan, porque
la vía está partida en tramos y en
cada tramo solo
puede haber un tren. Eso lo vigila un sistema que se llama
LZB, un cable
entre los raíles que habla con
cada tren y
lo frena si se acerca
demasiado al de delante.
Pero a las ocho y media, el LZB se cae.
Tres ordenadores dejan
de hablar entre sí y más de sesenta kilómetros de
vía se quedan sin vigilancia.
Los seis trenes de ese tramo se frenan
solos y se quedan parados.
Hasta aquí todo funciona como debe.
Desde el centro de control de
Atocha mandan reanudar la marcha, pero el
Iryo no consigue arrancar.
Se queda parado en la vía, a la entrada
de la estación de Urda, y la señal que tiene detrás se pone en
rojo.
Esa luz roja quiere decir una cosa: no pases, hay un tren
delante. Y aquí está el
error, según el Gobierno.
Desde el control
dejan seguir
al AVE con normalidad.
Cuando a un tren le dejan pasar una señal en
rojo, tiene que ir a la vista, a
unos cuarenta kilómetros
por hora, para poder frenar si ve algo.
Pero el AVE, según el ministro,
iba a unos doscientos.
Recorre veinticinco kilómetros en diecisiete minutos.
A las nueve menos siete, en el kilómetro ciento dieciocho, el AVE
alcanza al Iryo. Lo embiste por la cola.
Los dos trenes se
salen de la vía y varios
vagones caen por el terraplén.
Los pasajeros salen rompiendo las ventanas y la
gente que trabajaba en el
campo abre agujeros
en la valla para sacarlos.
Llegan unos doscientos militares
de la UME y más de trescientos guardias
civiles. El balance, por ahora, al menos sesenta y ocho
muertos, veinticuatro en el AVE y cuarenta y cuatro
en el Iryo, y
ciento quince heridos, quince de ellos graves.
Y todavía podría haber
más personas bajo los vagones.
La Guardia Civil ya ha interrogado al
operario del centro de control y la
investigación dirá qué pasó de verdad,
porque hasta el ministro lo ha dicho:
que un tren alcance a otro
por detrás en España es inverosímil.
Y es la segunda tragedia
de la alta velocidad en nueve meses.
En enero, en Adamuz, murieron cuarenta y seis personas.
Veintitrés minutos.
Un sistema que se cae, un tren que no
arranca y una luz roja que no se
respetó. Descansen en paz.
Síguenos para saber qué dice la investigación.
End of transcript · 502 words