Crítica a la seguridad ferroviaria tras los accidentes de Adamuz y Toledo
Ya estoy escuchando lo de error humano.
Mira, puede que
sí, puede que alguien se haya equivocado,
pero en un sistema
ferroviario de verdad, en uno serio, un error humano no mata a sesenta y ocho
personas, no destroza trenes
con seiscientas
personas.
Porque detrás de ese error hay señales, hay frenos
automáticos, hay controles, hay
protocolos, capas y
capas de seguridad diseñadas
precisamente para que cuando un humano falle, no pase nada.
Para que dos trenes de alta velocidad
se choquen en la misma vía, uno detrás de
otro, tienen que fallar todas,
todas a la vez.
Y eso en una red bien mantenida
es prácticamente imposible.
Así que no me vengas con lo del error humano.
El error humano es solo el último eslabón de una cadena de errores.
Y si fallan todos los sistemas de seguridad,
es que no tenemos sistemas de
seguridad. Porque
la historia nos demuestra que en
una red bien mantenida, la
probabilidad de que ocurra es prácticamente nula,
que hace veinte años no teníamos
un puto accidente ni una puta avería,
joder. Dos veces, ¿eh?
Dos veces en un
año. Adamuz en enero y Toledo hoy.
Más de cien muertos entre hierros
retorcidos en mitad de la nada.
Cientos de heridos, cientos de tullidos de por vida.
Esto no pasa en un país serio,
esto pasa en el jodido tercer mundo.
Teníamos uno de los mejores
sistemas ferroviarios del planeta.
Un tren en el que te devolvían
el dinero si llegabas tarde diez minutos.
Y hemos pasado de eso a tragedias que
antes solamente veíamos en la India,
coño. Y lo más jodido de todo es que a
cualquiera que haya cogido un tren en España
en los últimos diez años, esto no le sorprende.
No le sorprende porque tiene ojos,
porque ha vivido los retrasos,
las averías, los
trenes parados en mitad del
campo durante horas.
Porque ha visto un exministro de
Transportes condenado por el Supremo a
veinticuatro años de cárcel por
enchufar a putas en esos ministerios.
Ocho años de recaudación récord,
miles y miles y miles de
millones de euros en
fondos europeos, y lo que nos devuelven es esto.
Decidme un puto servicio
público, uno, ¿eh?
Que haya mejorado en esta última
década. Uno, ¿eh?
Os estoy diciendo uno y que no sea Hacienda, claro.
¿Qué tiene que pasar en
este puto país, joder? ¿Qué
tiene que pasar?
Señores, de esto no se vuelve rápido, ¿eh?
Estamos en la fina línea. Ya
la hemos traspasado, de hecho,
entre convertirnos en un puto país del tercer mundo.
Ya no me valen minutos de silencio,
no quiero lazos, no quiero mierdas.
Quiero responsabilidades penales, quiero cárcel.
Quiero cárcel, quiero exilio.
Porque, ¿sabéis qué
pasa? Que en ese tren podría ir tu padre,
podría ir mi hijo,
podríamos ir los dos. Que ahora mismo hay madres en un
polideportivo de
Toledo esperando que les digan si el
cuerpo que tienen delante es el de su
hijo.
Hay personas dando su ADN a la Guardia Civil
para que puedan saber cuál de esos
cuerpos es el suyo.
Piensa en eso durante
un segundo e intenta
no volverte loco,
joder.
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